La artista visual Nehuén Álvarez combina diversos lenguajes en sus creaciones

Por Mayrin Moreno Macías

 

Ella se expresa con acrílico, tinta y marcadores. Su nombre remite al significado de “fuerza”, que “posee espíritu y alma”: Nehuén. Su búsqueda e inspiración se centran en representar la figura humana, la naturaleza y los animales y sus conexiones entre los cielos, la energía y la magia. 

“Soy estudiante y me dedico a las Artes Visuales, sobre todo a la pintura, el muralismo y el dibujo. La pandemia al principio me perjudicó porque habíamos iniciado un taller de dibujo junto con mi compañero, Bruno Medina, el cual tuvimos que cerrar. Luego decidí dedicarle más horas al arte, que muchas veces dejaba de lado por la rutina y responsabilidades de la ‘normalidad’. Cuando bajaron un poco las restricciones, me llegó bastante trabajo, así que fue un cambio muy interesante”, dice Nehuén Álvarez.

Con la llegada de este naciente Año Nuevo del Sur, Nehuén acompañará con sus ilustraciones una nueva sección de la Revista Kilómetro Cero: “MendoFicciones”, que aglutinará a escritores mendocinos apasionados con la escritura de minificciones.

 

 

Tiempo entre dibujos

Cuando Nehuén sabe lo que quiere representar, las imágenes le sirven de guía y le inspiran. De hecho, muchas veces se fotografía a sí misma para lograr las posiciones o gestos que necesita. Luego hace un boceto donde plasma bien la idea y después lo pasa a algún soporte para pintarlo o dibujarlo. Su paleta de colores varía bastante, pero aprecia los tonos cálidos o tierras. “Generalmente comienzo pintando los fondos y de allí voy ‘viniendo hacia adelante’. Por último, hago los detalles”.

Este ímpetu por el arte tiene cimientos en su niñez. Le dedicaba mucho tiempo a dibujar personajes de los dibujos animados, hacía las manualidades de Art Attack y sus compañeros de escuela le pedían dibujos. “Por recomendación de mi seño de Plástica entré al Polivalente y ahí aprendí mucho más sobre el lenguaje de las Artes Visuales, que seguí profundizando y enriqueciendo con un gran contenido teórico ahora en el IPA. Y como extra, durante 2020 realicé un curso de Fotografía más como hobby. Es una hermosa herramienta que también me ha dado algunos trabajos. Incorporar varios lenguajes me ayuda a complementar unos con otros”, dice.

 

 

―¿Crees que el arte debe servir al bien común? ¿Te consideras una defensora del arte?

―Creo que el arte puede servir a un bien común y también puede no hacerlo, ya que el arte es libre y el artista o el público determinan su fin. Sí considero que puede ser una herramienta transformadora, a modo individual o colectivo. Lo que defiendo del arte es que sea reconocido como un trabajo remunerado. Muchas veces el trabajo del artista no es valorado o se considera que porque hace algo que le gusta, debe ser gratis, y no es así. El artista, como cualquier otro profesional, tiene horas y horas de prácticas, de estudio, de perfeccionar técnicas, de sentarse a pensar “qué hacer” (proceso creativo), de investigar. Invierten en materiales y herramientas, CREAN algo… Así que es algo que últimamente busco transmitir y hacer que se tenga en cuenta, tanto entre los propios artistas como en la sociedad en general.

 

 

Muralismo

Cada vez que está en sus manos transformar un espacio, Nehuén estremece las paredes. Su primera experiencia de mural la tuvo en la secundaria. Luego continuó junto a su compañero Bruno Medina. Al momento de abordar la pared, calculan su dimensión aproximada y a partir de eso plantean el boceto. Usan brochas, pinceles y rodillos. “En el boceto definimos casi todo, composición, colores, figuras principales, etc. Últimamente los estamos trabajando en formato digital. Una vez que está todo definido, lo imprimimos y le dibujamos una cuadrícula, cuadrícula que también planteamos en el muro. Y a partir de ahí nos guiamos y lo dibujamos. El resto es preparar los colores y pintar. A veces vamos modificando cosas en el camino, adaptándonos al muro y los colores, pero respetamos bastante la idea original”.

Cuando participaron del concurso “Pinta tu Aldea”, se les acercó una persona para pedirles que le pintaran un mural en el living de su casa. Otros también les han hecho pedidos para pintar las habitaciones de sus hijos. “Creo que cuando las personas ven este tipo de trabajos en la vía pública, piensan en llevarlos a su hogar y aunque esté en un ámbito privado, sigue transformando el espacio y le sigue llegando a cada persona que visite ese hogar”.

 

Mural realizado en la escuela Picallo