El escritor Marcos Martínez se adentra en el mundo de las marginalidades

Por Mayrin Moreno Macías

Las historias ajenas son su fascinación. Ese encanto se lo debe a su madre, dice el escritor, docente y dramaturgo Marcos Martínez.

 ―La literatura para mí comienza en la sala de espera de una peluquería de señoras. Soy el hijo de la peluquera que escribe. Nunca quise ser ni el escritor acartonado y paisajista, ni el “vanguardista” que escribe mal porque no entiende la relación entre sujeto y predicado y se dice incomprendido.

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Marcos regresa a Revista Kilómetro Cero con su libro “Geografía de la villa para principiantes y cuentos prescindibles”, que será publicado por entregas a partir del próximo 21 de junio. Nuevamente hará dupla con el arquitecto y dibujante Martín Rusca, quien trabajará en las ilustraciones, como ya lo hicieron hace un año con la novela corta “La Peste”. “Con Martín nos entendemos muy bien, nacimos en el mismo año y mismo mes y muchas veces no nos hace falta hablar para ponernos de acuerdo. Tenemos pendiente hacer una obra a la inversa, es decir, yo narrar algo que él dibuje”.

―¿Qué nos puedes contar de “Geografía de la villa para principiantes y cuentos prescindibles”, obra ganadora del Certamen Literario Vendimia 2015?

―Geografía… Es el último libro donde creía que escribía para decir. Abandoné la pretensión de escribir por tener algo para decir, escribo porque tengo cosas por preguntarme. Cuando corregía por última vez Geografía…, para esta edición, lo hacía con una sonrisa, porque hay textos que están muy bien, que me gustan y a los que les tengo mucho cariño. Ha sido mi libro más exitoso porque se lee de manera muy ágil. Nos adentra en el territorio de las marginalidades, pero desde una voz de narrador propia. Además, es un libro testimonial, es un homenaje a los barrios que caminé, a las plazas donde dormí, a las personas hermosas con las que hablé, desde un linyera que tomaba vino blanco y fue boxeador, hasta una desocupada que se ponía su delantal para ir a la fábrica, que estaba tomando con sus compañeras y compañeros. El linyera, Carlitos, y la señora, Albertina, no sé si existan todavía en este mundo, pero en la literatura sí. La segunda parte del libro, los Cuentos Prescindibles, tratan de tópicos más clásicos: el suicidio/miedo a la muerte, el enamoramiento/erotismo, los vínculos que se recomponen, etc.

¿Un libro siempre cambia a la gente? ¿Qué libro te cambió la vida?

―A mí me cambian los libros que escribo, no los que leo, porque al escribirlos entro en crisis y al final, me conozco un poco más. Aunque no garantizo que suceda en los lectores.

Día del Escritor

Para Marcos la escritura es vital e inevitable. No es una opción. Lo demuestra con el tenaz hábito de escribir de 500 a 1.000 palabras de ficción todos los días. “Digo que soy escritor porque el lenguaje performa, si digo que soy, empiezo a serlo. Lo mejor que hice como escritor fue no creérmela del todo. Soy terco como mi madre y amante de lo imposible”.

―Tu vida gira en torno al teatro y la literatura. ¿Por qué escogiste esas dos expresiones artísticas ¿Cuál es la conexión?

―Yo siento que nos elegimos mutuamente. A mí me gusta saltar de un mundo a otro. En el aislamiento el escritor la pasó muy bien, en soledad. Estoy concursando por ahí. Escribo cuentos, una pequeña novela, y corrijo, corrijo todo el tiempo. Llegué al teatro por leer en un teatro independiente, en la vieja Casa en el Aire. Y desde ahí no puedo dejar de hacerlo, de saltar de esos mundos.

Dar gracias

Hoy este escritor nacido en 1985 está en construcción. En una etapa de agradecer. “Agradezco a Daniel Fermani, el primer escritor que confió en mí, y a mi casi única amiga y escritora, Mariana Komiseroff. Soy padre, y si pude ser escritor, viajar, desarrollarme, es porque alguien cuidó a mis hijos. Pero no siempre hice estas afirmaciones, los varones no pensamos en estas cosas. En mi caso tuve que hacer una obra durante dos años sobre la paternidad para conocerme como hijo/padre. Este año, si volvemos a los escenarios, vuelvo a la actuación con ‘Yo contra el mundo’, una versión teatral y también hay algunos trabajos perfomáticos dando vueltas”.