HISTORIA LOCAL | Teodoro J. Schestakow, el primer médico de San Rafael

Por María Elena Izuel

Cuando graves epidemias azotaban la región, venían médicos desde Mendoza para atender la emergencia. Temporariamente habían actuado Enrique Stoeklin, Teodorico Reale, Álvaro García Prieto, Ramón Canda y el Dr. José Antonio Salas, hijo del comandante, radicado en Mendoza, pero como pasaba algunas temporadas en la casa de sus padres en Cuadro Nacional, sobre todo en el verano, atendía algunos enfermos.

Debido a la falta de médicos, el Gobierno autorizaba a personas idóneas para que curaran, y el curandero seguía siendo un personaje indispensable. Casi todos los años se producían epidemias: cólera, difteria, viruela u otras enfermedades que provocaban muchas muertes, en especial entre los niños, motivo por el cual se buscó un médico que atendiera en forma permanente.

Una tarde calurosa de 1896, un carruaje penetró en la finca de Iselín, de él bajó un hombre joven, resuelto, de ojos azules, de finos modales, que, en perfecto francés y con una sonrisa, agradeció el saludo de una niña. El matrimonio Iselín le ofreció una habitación para descansar, pero, enterado de que una mujer se encontraba en mal trance de parto, rápidamente se dirigió en su ayuda.

Esta persona era el doctor Teodoro J. Schestakow, quien fue llamado a estas tierras por los integrantes del Club Unión, del que era presidente don Rodolfo Iselín, y se transformó en “el primer médico de San Rafael”.

Había nacido en Rusia, se recibió de médico en Kazán y por razones políticas debió emigrar a Francia, donde asistió a la Academia de Medicina de La Sorbonna para perfeccionarse. Viajó por varios países europeos adquiriendo gran experiencia en su profesión. Ante la necesidad de trabajo,eligió viajar a América, en lugar de Tasmania, para ejercer la medicina.

Muchas anécdotas se cuentan acerca de este infatigable médico, que nunca se negó a atender a un paciente así fuera de día o de noche, no importándole si llovía o había sol, inclusive desafió al río Diamante en creciente, cruzándolo en su caballo para llegar a los distritos, cuando aún no habían puentes. Era tan desinteresado del dinero que a los pacientes humildes no les cobraba o recibía como pago lo que pudieran darle y en ocasiones les dejaba vales para que retiraran ropa y alimentos en su nombre.

En la zona no existían farmacias, sólo había una botica en la villa, propiedad de don Alfredo de Cartis, quien debía vacunar gratis a cambio de una subvención de $ 10 mensuales. El doctor Schestakow mantuvo un botiquín al servicio de todos, muchos remedios los fabricaba él, ya que también era bioquímico.

Relataba que el acontecimiento más importante de su vida fue la campaña que llevó a cabo contra una epidemia de viruela, poco tiempo después de haber llegado. No habían vacunas, entonces, las fabricó, aplicando sus conocimientos de laboratorio, con unos vacunos que le regaló Iselín.

Día y noche atendió a los enfermos, viajó por los distritos vacunando a todas las personas con ayuda de voluntarios ofrecidos por el regimiento; ante la falta de instrumental utilizó plumas de escribir para vacunar, a las que llamó “inoculadores marca Schestakow”. Cuando la epidemia decreció, cayó desmayado, hacía un mes que no dormía.

También se dedicó a la política, ocupando varias veces el cargo de concejal, y a las tareas agrícolas, aunque no llegó a obtener éxito en su labor.

Vivió siempre rodeado del cariño de todos los que lo conocían, no había casa donde no fuera bien recibido. Al cumplir cuarenta años de su estancia en San Rafael, el pueblo le obsequió un automóvil, que no quería recibir, pero lo aceptó cuando le hicieron comprender que así llegaría más rápido a ver a sus enfermos. En los últimos años de su vida se lo veía pasear en su coche por estas tierras que tanto quería.

Participó en la iniciativa de instalar un hospital, proyecto que recién vio la luz cuando la Sociedad Damas de Beneficencia instaló en un arruinado edificio, que antes ocupara el Hotel Club, la Enfermería San Antonio, en el sitio donde hoy se encuentra el Banco de la Nación.

Schestakow abandonó su consultorio particular para dedicarse por entero a este pequeñísimo hospital, que sólo duró cinco años, pero fue el antecedente de nuestro hospital actual, el mismo que hoy lleva su nombre por un decreto del Gobierno de 1941, inaugurado en 1924.

Falleció el 29 de mayo de 1958 y todo el pueblo se hizo presente en su sepelio. Sus restos se hallan en el cementerio de San Rafael, en una sencilla tumba en tierra, tal como él lo pidió. Sobre su tumba se lee: “Aquí yace el Dr. Schestakow. Trabajó toda su vida. Descansa en paz.”. Una escuela y una calle, aparte del hospital, llevan su nombre.

Después del arribo del doctor Schestakow, y en forma conjunta, se desempeñaron otros médicos, como el doctor Alfredo Herman, que era alemán y vivió enfrente del doctor Schestakow. Discutían permanentemente, nunca se llevaron bien.

En 1908 arribó el doctor  José Braña, quien fue también una figura legendaria en la medicina local, había obtenido su título de médico en la Facultad de Santiago (Galicia), España, y se desempeñó en San Rafael hasta su muerte acaecida en 1959.

Por más de treinta años fue el médico de la Sociedad Española de Socorros Mutuos.

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