El cura Marco

Por María Elena Izuel

Con este nombre ha pasado a la historia el primer sacerdote que se estableció en la zona de San Rafael, muchos años después de la muerte de fray Inalicán.

“Anteriormente llegaban misiones católicas, muy de tarde en tarde, a cristianar y a casar, ceremonias que eran esperadas con grandes preparativos. El acontecimiento congregaba a los pobladores diseminados por los campos y desde leguas y leguas llegaban con sus familias a tomar parte de los festejos y recibir los sacramentos”.

El presbítero Manuel Marco era italiano de origen y llegó a estas tierras como capellán del 7° Regimiento de Caballería en 1875. A la vez que atendía el culto, se dedicó a grandes empresas de carácter económico, poseía una pequeña fortuna heredada de sus padres y la ocupó en trabajar las tierras.

Se asoció con Frugoni y comenzaron la explotación de la tierra en la zona que es hoy Capitán Montoya. Abrieron los canales Frugoni-Marco y Socavón para regar sus campos. Instaló un molino harinero a orillas del río Diamante y explotó las salinas de El Diamante, que compró a los herederos del cacique Goico. También fue maestro en la Villa.

Entusiasmado con los proyectos de colonización que ofrecía el Gobierno nacional, decidió viajar a Buenos Aires en procura de ayuda económica y gente preparada para trabajar el campo con fines agrícolas, ya que en la zona, hasta ese momento, todos se dedicaban a la ganadería y no tenían experiencia en la labranza de la tierra. No obtuvo el apoyo económico pero sí a la gente que necesitaba, ya que encontró en el Hotel de Inmigrantes a veinte familias italianas, que acababan de desembarcar, dispuestas a trabajar inmediatamente. Marco los contrató para que trabajaran para él, a cambio de los gastos de transporte, alimentos y vivienda. Convencidos por el sacerdote viajaron a estas tierras, que nunca, ni tan siquiera, habían oído nombrar.