OPINIÓN | Crítica a la cultura de la cancelación

Por Rocío Zamarbide
Ilustración: Ana Marcucci

Y el día llegó cuando un apuesto príncipe que cruzaba el bosque en su caballo, vio a la hermosa joven en la urna de cristal y maravillado por su belleza, le dio un beso en la mejilla, la joven despertó al haberse roto el hechizo. Blancanieves y el príncipe se casaron y vivieron felices para siempre”

Me parece muy inocente avalar la cancelación de ciertas escenas de creaciones animadas infantiles del pasado creyendo que es la gran solución para sacarnos de encima las telarañas. Si es por falta de consentimiento, cancelen el 99% del porno ahora mismo, antes de que lleguen a adolescentes o adultos y confundan una relación sexo-afectiva con la violación, o sea, con gran parte de la pornografía.

Supongamos que tengo un hijx que quiere ver una película apta para público infantil. La estamos viendo y algo no me gustó. O la ve y me hace un comentario sobre una escena. Entonces le explico por qué hay algo mal. Al menos eso va a ser mucho más educativo que dejarlx solx viendo versiones nuevas de Disney por horas, mientras yo no le doy ni bola, ya que ahora que Blancanieves despertó antes del beso, tomó la iniciativa y ella lo encaró con alto chape, ¿dónde puede estar el problema, si el resto de la historia no está nada chapada a la antigua, y no tiene nada de perturbadora? Claro…

Igual hay que destacar que lo único bueno de los malos ejemplos es que gracias a ellos surgen debates críticos que la cancelación de ciertas producciones no permitirían. Por eso me huele a hipocresía esto de querer tapar el sol con un dedo, porque encima le estamos dando a la industria más poder del que ya tiene. 

Hay grandes obras de arte con personajes misóginos. Dejémoslas donde están, que sirvan como muestra de lo que no hay que repetir y no nos estanquemos, que recortando y pegando no se puede lograr el verdadero cambio. Así nos van a vender humo siempre con la excusa de que es humo políticamente correcto, con un toque de progresismo de cartón para que estemos menos atentxs a lo verdaderamente relevante.

Para finalizar, aclaro que está bien identificar lo que ya no va más y exigir actualización, pero esta historia infantil ya construyó hegemonía, como tantas otras. Ahora construyamos desde cero. Construyamos historias mucho mejores en la ficción y en la realidad, construyamos historias inspiradoras para las próximas generaciones.