Abel Trillini intenta aliviar el caos con sus carteles

Por Mayrin Moreno Macías

La empatía salvó su vida. A Abel Trillini se le hace imposible no ponerse en los zapatos de otros y, sobre todo, no actuar cuando puede. Él es conocido como el “Motivador del Nudo Vial”, en la Ciudad de Mendoza, y hace unos días regresó nuevamente a la calle con sus mensajes de aliento, después de una breve pausa. Se considera un ser optimista y antes de bajar los brazos frente a una situación, prefiere encararla con una sonrisa.

En el año 2018 Abel contó su historia y cómo inició esta labor de motivar a la gente a través de una charla TED. Su relato iniciaba con una frase poderosa: “Aprendí a correr para salvar mi vida”.

―Sé que pasaste un momento muy duro en tu vida. ¿Qué detonó que hayas contado tu historia?

―Tuve una infancia bastante de mierda, la verdad, con algunas alegrías pero con mucho infierno. Hace años me encontré con una piba que estaba llorando en la antesala para donar sangre (EEUU) y le pregunté si necesitaba ayuda, y por alguna razón que desconozco, pero me pasa siempre, me contó que le parecía que su amigo la había violado, pero no estaba segura porque estaba borracha, y le conté que yo también había sido violado de niño, le dije que se puede salir de ese infierno y que si tenía pensamientos suicidas, porque yo intenté varias veces, no dudara en llamarme. Le pasé mi número y desde ese día me fue más fácil hablar del tema. Mi esposa (Susi) ya sabía, pero le pude contar a mis tres mejores amigos y ellos entendieron un montón de cosas que no les cuadraban antes de saber. Es muy difícil todo esto y sobre todo si no tenemos el apoyo de nuestros seres queridos, en mi caso lo escondí y me manejé por la vida alcoholizado desde los 6 hasta los 12 para no pensar, yo corrí y corrí hasta que llegué a Uspallata (mi santuario), todo fue mejor.

Abel es pintor de casas y en el año 1997 junto a su familia decidió irse a EEUU. Después de nueve años, regresaron. “Esperaba ver un país unido y las cosas que veíamos cuando nos fuimos, como por ejemplo, las Challas de Carnaval, cenar y ver la tele en la vereda en verano, las puertas abiertas durante el día, y nos encontramos con un país dividido con leoneras, concertinas, Carnaval es un feriado y la gente vive encerrada. Me rebajoneé, pensaba que me la había mandado, porque veníamos con ideas de abrir comedores, bibliotecas, escuelas y un montón de cosas relindas, pero al ver todo el caos, nos apagamos, sobre todo yo. Pasaron cuatro años y nada de nada. Hemos estado con nuestros seres queridos. Un día mi sobrino Matías y su banda de jazz, Willy Tertulian, me escribieron y dedicaron una canción de Oregon, que habla de mí cuando era chico, adolescente, y mi vuelta a la Argentina, y la verdad que volvió a despertar todo lo que mencioné antes. Resulta que cuando apreciaba el caos en 2012, me di cuenta que en el Nudo Vial había más caos que en otros lados y se me ocurrió pararme con un cartel y un mensaje vestido con traje y corbata, para llamar la atención, tenía todo planeado menos el éxito que tuve. La historia es mucha más larga…”, dice Abel y se ríe.