BUEYES PERDIDOS | ¿Estamos viviendo una invasión extraterrestre?

Por Mariano Dubin

¿Estamos viviendo una invasión extraterrestre? Posiblemente, no. Existen, sin embargo, por primera vez, una serie de indicios confusos que no han sido solo reconocidos –como suele suceder– por algún grupo marginal y alucinado sino por las principales agencias mundiales de investigación, de defensa militar y de inteligencia. ¿Tan así es? Vamos por parte.

En principio, a diferencia de la década del ’50, cuando, tal vez alimentada por la paranoia de la guerra fría y la extensión global de la ciencia ficción, había miles de avistamientos diarios de objetos voladores –que rápidamente eran identificados por sus observantes como inmediatas invasiones alienígenas–, hoy todas las agencias que reportan estos avistamientos han señalado una disminución drástica de reportes.

¿No hay más denuncias, avistamientos, aducciones, señales inconfundibles de una luz fugaz una noche de verano? Cada vez menos, con certeza. De hecho, el prestigioso diario británico The Guardian publicó una nota titulada: “What is behind the decline in UFO sightings?”. Después de cientos de películas, multiplicación de merchandising, fanatismo alienígena, series y series y series, álbumes de figuritas y todo lo que se pueda imaginar y vender, la gente quedó incrédula o cansada.

Sin embargo, perduran algunos pocos reportes y estos pocos reportes han sido relevantes para dar cuenta de algo que hace décadas es una verdad de locos y alucinados: las agencias militares y de inteligencia mundial no descartan la posibilidad de presencia extraterrestre.

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¿Presencia extraterrestre?

Stephen Hawking, si bien fue concluyente con la importancia de monitorear señales de vida inteligente provenientes de otras partes del universo, fue, asimismo, severo sobre los riesgos de efectivamente contactar civilizaciones alienígenas. Varias veces conminó a detener el envío de mensajes al espacio exterior. Aseguró que una de esas señales podría producir un genocidio. ¿Cuál? El de la raza humana. Los humanos somos seres despreciables, codiciosos, violentos. Nada indicaría que otros seres de inteligencia superior fueran distintos.

Una posible invasión extraterrestre ha sido imaginada interminablemente. Yo prefiero el esquema de “La Guerra de los Antartes”, donde Héctor Germán Oesterheld imagina que las potencias imperialistas, frente a la imposibilidad de detener una ocupación alienígena, logran un acuerdo: el sacrificio de los países del Tercer Mundo es ofrecido a los nuevos dueños de la Tierra a cambio de una paz con Rusia y Estados Unidos.

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¿Invasión extraterrestre?

Avancemos. En la mañana del 9 de noviembre de 2018 un piloto de British Airways, cerca de Shannon (Irlanda), informó la aparición de un objeto moviéndose a velocidades imposibles de caracterizar en palabras alrededor del avión. Lo último que vio fue una luz desaparecer como en una explosión fugaz. Informó a las autoridades suponiendo que eran pruebas secretas de las Fuerzas Armadas. En su informe apuntó el peligro de hacerlas en cercanías a rutas comerciales y sin conocimiento previo de los pilotos. Sin embargo, no había sucedido ninguna prueba militar. Lo que sí estaba sucedido era la comprobación por las Fuerzas Armadas de Irlanda de acontecimientos de este orden.

No era el primer reporte que señalaba la aparición de objetos voladores no identificados en las proximidades de Shannon, reportes no realizados por lunáticos y paranoicos y fanáticos en general, sino por pilotos profesionales de décadas de experiencia. La Aviación Irlandesa ha autorizado la investigación de estos casos.

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¿Esto demuestra una inteligencia alienígena en territorio irlandés? No. Hay decenas de explicaciones posibles y más plausibles. No obstante, no es la única agencia o institución militar que investiga este tipo de fenómeno. El mismo Pentágono, en 2017, admitió que entre 2012 y 2017 realizó un programa para estudiar objetos voladores no identificados. No dio más información. Confirmó que fueron destinados 22 millones de dólares anuales. ¿Esto demuestra algo? Nada. Podría ser un programa para desviar fondos, un programa que esconda espionaje interno, siempre muy mal considerado por la opinión pública o cualquier otra cosa.

¿Entonces hay invasión alienígena? Como dije al principio: posiblemente, no. Pero existe una sumatoria de datos y fenómenos confusos cada vez más relevantes. Acá llegamos al último: Oumuamua. ¿Qué cosa? Vamos por parte.

Oumuamua es, en principio, un asteroide. No cualquiera: es el primer objeto identificado proveniente de fuera de nuestro sistema solar. En la lengua nativa de Hawai (tal como fue bautizado) significa “mensajero de lejos que llega primero”. Posee cuatrocientos metros de largo pero un ancho diez veces menor. Una forma nada natural para este tipo de objetos. Aún más: un movimiento levemente errabundo puso a cientos de científicos detrás de su explicación. La mayoría de ellos, es cierto, dio explicaciones de otro orden. Hubo algunos, sin embargo, que comenzaron a preguntarse si este asteroide era, realmente, una nave alienígena.

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¿Una nave alienígena?

Al menos así la describieron los astrónomos de la Universidad de Harvard, Shmuel Bialy y Abraham Loeb, en la revista especializada Astrophysical Journal Letters. Aseguraron: “Oumuamua puede ser una sonda totalmente operacional enviada de manera intencional a las proximidades de la Tierra por una civilización alienígena”. ¿Entonces? Entonces nada. Es toda la información que existe. Ordénenla como gusten.