LA BUENA VIDA | Autosanación: aprender a reconocer las señales de alarma

Por Msc. Miriam Macías
Especialista en terapias naturales

Ni Paracelso, ni Hahnemann, ni Bach, le dieron importancia a los detalles de la enfermedad, sino a la personalidad del paciente y a cómo reacciona ante ella. Bach incluso fue más allá que sus antecesores y afirmó que las dolencias no se generan en el plano físico, sino que surgen como conflicto entre el ego y la conciencia, y que esta falta de armonía se manifiesta en el cuerpo mediante desórdenes de los sistemas y tejidos orgánicos. De acuerdo con esta línea de pensamiento, la enfermedad tendría un propósito educativo: que cada paciente se responsabilice de sus errores y aprenda de ellos, no repitiendo las acciones que le dañan.

En este orden de ideas, el doctor Bach expresó que “La enfermedad es el desequilibrio entre la mente, el cuerpo y las emociones y que cuando esa armonía se rompe, surgen los aspectos negativos de la persona que conducen a la enfermedad”. Es decir, que cuando los sentimientos y las emociones dejan de sintonizar se produce el quiebre. Se rompe la corriente de energía positiva y aparecen los opuestos: odio, egoísmo, crueldad, ignorancia, codicia, inseguridad, infelicidad, soberbia. En la medida que profundizan, se produce la enfermedad.

Efectivamente, el odio es el contrario del amor; el egoísmo consiste en anteponer nuestros intereses al bien de la humanidad y por ende de nosotros mismos; la crueldad es la negación de la unidad de todos; la ignorancia es el fracaso del aprendizaje; la codicia lleva el deseo de poder, es la negación de la libertad y la individualidad de los demás.

En consecuencia, es imprescindible aprender a reconocer las señales de alarma, antes de que penetren lo suficiente como para aparecer en el cuerpo. Para ello, se debe tener presente que la sanación solo es posible cuando la persona comprende dónde está el error y empieza a esforzarse por corregirlo. Al respecto, Bach indicó que “…existen siete estados en la curación de un mal: paz, esperanza, alegría, fe, certidumbre, sabiduría y amor “.

La salud depende de la comprensión, por parte de los hombres, de los principios que rigen el universo. De esta manera, una vez que el paciente entiende lo que está pasando, su comprensión diluye la enfermedad, ya que a partir de ese momento, verá avanzar los progresos con firmeza, primero en el alma y la mente, hasta que este bienestar general se refleje en el cuerpo físico.