OPINIÓN | Las pibas no vuelven

Por Luciana Caram
Ciudad de Mendoza

 

El día 18 de diciembre, ante la triste noticia del desenlace de la búsqueda de Florencia Romano,  miles de mujeres y organizaciones salimos a la calle a pedir justicia ante la ausencia de un Estado que parece no tener respuestas a las problemáticas que vivimos a diario, porque los femicidios en Argentina son cosa de todos los días y una última manifestación de la cadena de eslabón de la violencia de género, que empieza en las familias, en las escuelas, en los medios de comunicación y en todas las instituciones que naturalizan y reproducen discursos que nos dejan en un lugar de desventaja y desprotección.

Esta vez nos tocó en Mendoza, le tocó a una adolescente de 14 años, una situación que se podría haber evitado y que nos duele a todas. Desde que empezó a aparecer su foto en redes sociales preguntando dónde estaba, luego el llamado al 911 que pedía socorro ante una situación de violencia de género en un domicilio de Maipú, alguien que alertó y otro alguien funcionaria pública que subestimó el mensaje y cortó, nunca más se volvió a comunicar. Una búsqueda que empezó tarde. Un femicida con denuncias. Una justicia injusta y ciega.   

No nos basta solamente con tener respuestas paliativas. Esos parches no pueden calmar el dolor colectivo. Vemos que se evitan responsabilidades ante la emergencia por la violencia machista, la necesidad de la implementación de la Ley Micaela en todos los ámbitos que nos atraviesan como sociedad y el funcionamiento de las instituciones. Mucho silencio, mucho desamparo.

A pesar de que la lucha de mujeres feministas no es nueva, nos siguen restringiendo los espacios y nos siguen callando las voces, hasta nos hicieron creer que nuestras vidas deben hablarse de las puertas de la casa para adentro, escuchando y repitiendo frases tales como “la ropa sucia se lava en casa”, “yo en eso no me meto” y tantas otras más. Nos cansamos y esta vez fue diferente: ayer fue un día de furia que se hizo poesía, una poesía colectiva. Entendimos que lo personal es político, que cuando hay enojo no hay “señoritas educadas y respetuosas” sino que hay una generación que ya no tiene nada que perder, porque lo ha perdido todo. Las barreras que separan lo público de lo privado las vamos derribando de a poco, todas juntas, siendo miles.

Para que no haya más amigas de Florencia desconsoladas y quebradas, porque queremos que no haya más víctimas, que no haya más sometidas a condiciones de vulnerabilidad y discriminación, que empecemos a visibilizar este tipo de situaciones para garantizar que no se repitan, que no nos falte ninguna más, es necesario sancionar prácticas administrativas, policiales y judiciales, exigir a los responsables políticos y funcionarios públicos que se hagan cargo, y tantas otras cosas más….

Se quemó la Legislatura y se rompió la Casa de Gobierno con mucha furia, pero en realidad buscamos romper el silencio para empezar a repararnos, para que no falte ninguna más y para que tengamos memoria por las que ya no están. Las paredes se pintan, las ventanas se arreglan, pero las pibas no vuelven.

¡Ni una menos!