ENTRE TANGOS Y TANGAS | “Malena”

Por Humberto Márquez

Si hay una mujer emblemática en la música argentina, esa es Malena, porque ella canta el tango como ninguna… “Y en cada verso pone su corazón/ A yuyo (marihuana) del suburbio su voz perfuma/ Malena tiene pena de bandoneón/ Tal vez allá en la infancia su voz de alondra/ Tomó ese tono triste de la canción/ O acaso aquel romance que sólo nombra/ Cuando se pone triste con el alcohol”. De Lucio Demare y con versos de Homero Manzi, “Malena” es otro de los grandes tangos que, para variar, también tiene historias ciertas e inciertas.

En la web El mito de la Taberna, en el artículo “El arrabal del tango/ 16”, reseñan: “Malena es un nombre de tango, tituló Gerardo Herrero en 1995 su película basada en la novela homónima de Almudena Grandes. Sí, Malena es nombre de tango, porque es quizá de los más perfectos que se haya escrito nunca”. Novela por cierto que retrata a la mujer, en todas sus dimensiones, desde la niñez hasta la vejez, que bien podría merecer una nota aparte, aun cuando la referencia al tango sea solo por el nombre de nuestra protagonista.

Cuentan los cronistas que Manzi conoce a Malena cantando en Sao Paulo, otros que fue a más de mil kilómetros, en un cafetín de Porto Alegre, siempre Brasil, y allí le dedica el tango (se dice que pasó su niñez en Porto Alegre, donde su padre era cónsul honorario del Gobierno español). “Según aquellos que afirmaron conocerla, Malena de Toledo era dueña de una bella figura, elegante, con buena voz y que cantaba en castellano y portugués. Esta persona existió pero no se puede asegurar que era la Malena de la canción, aunque también es probable”. Su hijo Acho Manzi aseguró que su padre había tenido romances con varias mujeres del medio artístico, pero que seguramente su “Malena” no existió. Lo más probable es que Malena no fuera una, sino todas.

Sin embargo, hay otra historia con Nelly Omar, quien habría tenido una relación amorosa con Manzi. ¿La recuerdan? Que había sido quien presentara a Gricel con José María Contursi y fue medio celestina de la enamorada pareja, en la radio o en el bar. Dicen las buenas lenguas que él le había dedicado el tango “Ninguna”. Ella misma, en los últimos años, comenzó a decir: “Malena soy yo”. Pero los cronistas también dicen que ya Homero Manzi había escrito el tango cuando se lio con ella.

Como ya lo decíamos, Malena es otro de los grandes tangos que para variar también tiene historias ciertas e inciertas. De lo ya reseñado estaríamos hablando de Malena de Toledo, nombre artístico de Elena Tortolero. Para otros el tango fue dedicado a una corista del Teatro Maipo, que en realidad era Azucena Maizani, quien grabara el tango, pero ella siempre lo desmintió. También hay quienes afirman que Malena era una modista que impresionó mucho a Manzi. Además se habla de otra cantante no tan famosa. Pero para Héctor Benedetti, en su libro “Las mejores letras de tango”, la cantante era nativa de la provincia de Santa Fe, Argentina.

En esa extraordinaria página Todo Tango se resume nuestra presunción: “Los amantes del tango no se conforman con la belleza de su letra y de su música. Buscan algo más y así, sin saberlo, construyen una mitología, a veces muy ilustrativa y otras veces de simpáticas anécdotas, pero absolutamente ociosa. El tango se alimenta y realimenta de historias y leyendas, con partes ciertas y partes definitivamente libradas a la imaginación popular. Como en toda historia, el caso de “Malena” tiene una parte cierta y, por ende, uno podría quedarse solo con ella y terminar el asunto”.

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Pero donde se pone el cuento bueno es cuando pillamos su relación con Venezuela. “Nos cuenta nuestro amigo venezolano, visitante de Todo Tango, Omar Valera, que ella pasó por Maracaibo por los años 1943 y 1944, actuando en Radio Popular”, emisora de José Higuera Miranda, padre de mi amigo Alejandro, quien me cuenta que eso debió ser en el edificio Las Palmas, cerca de la plaza Bolívar, que tenía un pequeño auditorio, porque la Fonoplatea de los éxitos de Radiolandia, en la avenida Santa Rita, fue a partir de 1951.

Ajá. Pero el brollo va más allá (que no nos gusta pero nos entretiene, jajaja). Resulta ser que Malena “…en una gira a Cuba, conoce y después se casa con el cantor de boleros mexicano Genaro Salinas, conocido como La Voz de Oro de México. Viven un tiempo juntos en Argentina y luego él se marcha, definitivamente, a raíz de una gira, recalando definitivamente en Caracas, ya al final de su carrera”.

Mientras estuvieron en Buenos Aires, Genaro Salinas actúa en Radio El Mundo y conoce a la actriz de teatro Zoe Ducós, con quien entabla una relación sentimental. Con el correr del tiempo, y en plena época de la dictadura del general Pérez Jiménez, Ducós se radica en Venezuela, actuando en teatro y en la TV de Caracas.

Allí, la actriz se casó con el actor venezolano Héctor Hernández Vera, de quien más tarde se divorció para volver a casarse con uno de los directores de la funesta policía del régimen, llamado Miguel Silvio Sanz.

Continúa relatando Omar Valera que “cuando Genaro Salinas vino por última vez a Venezuela, estaba muy venido a menos, cantó en locales de segunda categoría, se emborrachaba con frecuencia y trató de acercarse a la Ducós. En la mañana del 28 de abril 1957 (día que recuerdo muy bien porque cumplí 25 años), fue hallado agonizante debajo de un puente de la avenida Victoria de Caracas, con politraumatismos generalizados, y falleció ese mismo día. La noche anterior, varios esbirros de la Seguridad Nacional parece que lo esperaron en lo alto del puente, por donde debía pasar a pie para ir a su alojamiento, lo tiraron de lo alto y le pasaron un carro por encima. Su esposa (Malena de Toledo) y otras personas vinieron por sus restos, que hoy reposan en Buenos Aires, creo que en un Panteón de los Artistas”.

¡Qué tal!

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