Paula Toledo todavía

Por Bautista Franco

 

Nuri Ribota sale del edificio ilustre, blanco, grande. Se agarra de un bastón de aluminio que parece más alto que ella. Su cuerpo está golpeado por los años que han pasado, por la desidia, por la bronca. La llevan sus familiares del brazo, nadie sabe si la sostienen por la edad o como señal de apoyo, pero no se dice nada, todos quisieran sostenerla.

En el exterior un pequeño grupo de manifestantes, o podría decirse de personas que esperan en actitud de protesta, están pintando remeras, aguantando el calor, mirando de reojo las vallas que levantó la Policía más temprano. Las horas han sido eternas. Nuri camina a paso cansado y hombres y mujeres se levantan y se acercan a la mujer vieja de anteojos que con voz cálida les agradece: “Paula se merece que estemos acá, que sigamos por ella”.

En el tumulto de pocas personas ve a una mujer que está desde que iniciaron los juicios, hace más de 15 años, y que en ese entonces no era más que una adolescente. La anciana solo dice una palabra y las lágrimas ganan los ojos de los espectadores:

–¿Todavía?

–Todavía.

Y se funden en un abrazo de madre, de hija, de dos personas que saben de un dolor que corroe las entrañas y no tiene cura. Ahí, en las calles, en las afueras de los tribunales, en las casas, en los barrios, hay algunos que todavía esperan y que se ponen, cada vez que pueden, cada vez que la vida les da un respiro, en la vanguardia de los que reclaman por lo que corresponde. 

Allí todas las caras son perfiles de la injusticia. Su sola existencia, en ese lugar, en ese momento y por esa causa son un cúmulo que enturbia hasta las alegrías, que parecen que duran menos que los silencios que ganan las horas. Todos saben que están pensando en Paula Toledo. Y es en esos momentos en los que alguna señora, o alguna joven de las que anda por ahí, se pone a aplaudir. El eco hace de los aplausos del tumulto un gran coro de protestas. Allí, cuando nombran a Paula para gritar justicia, vuelve el eco fortalecido por las voces de las que ya no están. También por la de Florencia Romano, hallada muerta en las últimas horas en Maipú.

Cuando Nuri se va, esos que esperan se suman a la caravana que se retira hasta el día siguiente para la próxima audiencia.