LA CASA COMÚN | 6. “La casa como proyecto común”

Por David Cepero
Lic. en Ciencia Política y Administración Pública

 

Hemos llegado a la 6ª y última entrega (al menos por este año) de La Casa Común. Nos propusimos, en formato de columna de opinión, compartir algunas reflexiones (para completar), abordando algunos temas centrales que de alguna manera nacieron o se vieron fortalecidos con la conformación del Estado de Derecho, como modelo de organización de las naciones en Occidente que aún se encuentra vigente y, diría, fortalecido en su rol y necesidad dada la pandemia 2020.

Comenzamos este camino de ideas partiendo de un diagnóstico, a escala global, con cierta preocupación. Hablamos de “pandemonio” o paraíso perdido, como mundo neoliberal, en el que la pandemia de la Covid-19 profundiza todos sus problemas: aumento de la  desigualdad, de la vulnerabilidad social, de los vínculos virtuales y de la idea del otro, como amenaza. Frente a ese mundo, hablamos de plantar un “pandeluz”, palabra que inventamos para hablar de crear una nueva utopía, sostenida en la necesidad imperiosa de cuidar la casa común y hacerla más justa para quienes la habitan.

Al Estado le toca rearmarse. Nos gusta la triada que plantea Oszlak (referente de la Ciencia Política en América Latina) para hablar del Estado: en toda sociedad nacional existen tres dimensiones claves: gobernabilidad, desarrollo sustentable y equidad distributiva. Podríamos decir que a mayor desarrollo, mayor distribución, por lo tanto, mayor gobernabilidad. Las tres dimensiones, con sus tensiones, son resultado de la fortaleza del Estado. Es decir, a mayor fortaleza, mejor administración de las tensiones entre dichas dimensiones y mayor potenciación de las mismas. Ese camino, para andarse, necesita no solo de nuevas utopías, sino de una nueva ciudadanía: activa, participativa, y ahí es clave el lugar que el Estado otorga a quienes aún no tienen voz en política pública alguna.

La ciudadanía se construye con experiencias de ciudadanía, así como la democracia se construye con experiencias de democracia. Entonces, a medida que incrementamos las experiencias en ambas esferas, las fortalecemos, y a la inversa, en la medida que las reducimos, las debilitamos. Para crear esa nueva ciudadanía y para fortalecer la democracia, necesitamos un renovado rol de la política. Decíamos en la 4ª entrega que perseguir el bien común implica procesos de transformación que generan resistencias, tensiones y conflictos, y aclaramos que la manera de resolverlos en una democracia es a través de la política, recordando además que cuando no hay política, o se la suprime, aparece la violencia, y ahí desaparece la democracia (el golpe del 76 en la Argentina, por ejemplo).

La política supone formas y modos reglados en una Constitución, supone que de forma institucional y democrática se resuelven los conflictos lógicos de cualquier sociedad.

Pero también la política supone procesos de cambios, de renovación, conforme cambia el mundo y el paso del tiempo. El punto central de la renovación no es lo etario, que también es; sino la generación de una nueva práctica y ejercicio de la “escucha”, de aquellos/as que nunca han sido convocados/as a la mesa de la cosa pública.

 

La casa

En la casa común hay un lío bárbaro, es claro, y desde algunas miradas, minoritarias, pero con poder, se fogonea que la cuestión se arregla cuando algunos se bajen, o se queden disciplinados, abajo. Para nosotros ahí no hay casa común, hay casa para algunos y vereda para el resto.

Desde este espacio pensamos que todos los lados deben confluir, como pilares que sostienen un proyecto común, la casa, y que para ser pilar se necesita primero reconocer que existen otros pilares que son parte; sin ellos, la casa se cae, desaparece.

El camino, consideramos, pasa por ampliar el ejercicio de ciudadanía (ciudadanía activa), incorporar a la ciudadanía en la definición de políticas públicas (un Estado participativo), renovar la política desde un enfoque de la “escucha” y lanzar la construcción de nuevas utopías. En ese camino, la idea es crecer, juntos y juntas.