Breviarios de ajedrez: Von Kempelen y su máquina El Turco

Por Bautista Franco

En 1769 Wolfgang von Kempelen, consejero de la corte de Viena, escritor e inventor, fue invitado por la emperatriz de Austria, María Teresa, a ver un espectáculo de magia. El consejero disfrutó el espectáculo y al final  manifestó que podría hacerlo mejor.

Seis meses después el inventor apareció triunfal en la corte con un invento fabuloso. Eran los inicios de la Revolución Industrial y las máquinas parecían ofrecer un sinfín de posibilidades. Fue en ese momento histórico que El Turco, como se llamó el invento, ingresó en el terreno de la historia. Se trataba de un autómata con turbante, adherido a una gran caja de madera repleta de mecanismos de relojería. En su interior apenas parecía haber lugar para que entrara un sombrero, ya que la maquinaria ocupaba casi todo. El Turco generó gran sensación ya que vencía a sus rivales en menos de media hora y la noticia fue copando las conversaciones en las tertulias de toda Europa. Si bien jugó un par de partidas, el dueño de la máquina desestimó la mayoría de los retos para dedicarse a otras cosas, hasta que diez años después, a pedido del Emperador José II, tuvo que sacar El Turco de las sombras nuevamente. Fue entonces que la máquina comenzó una gira por toda Europa, donde desató una conmoción general, y la prensa de entonces se dedicó a publicar artículos sobre el funcionamiento o no de la máquina de ajedrez. 

Era asombroso el hecho de que el artefacto no perdiera y fuera tan agresivo su juego, terminando las partidas en menos de una treintena de jugadas. También, para asombro de los espectadores, era capaz de responder preguntas utilizando letras grabadas en el tablero en tres idiomas. Una tecnología asombrosa. Le ganó al entonces embajador de Estados Unidos en París, Benjamín Franklin; sin embargo, allí también sufrió una de sus pocas derrotas contra el mejor jugador del momento, Francois Philidor.

En 1804 Wolfgang von Kempelen, el dueño, falleció. Algunos años después su hijo lo vendió a un músico bávaro, Johann Nepomuk Malzel, quien llevó la máquina a jugar con Napoleón, a quien destrozó en breves jugadas.

Más tarde, tras venderlo y comprarlo nuevamente al Príncipe de Venecia, Malzel lo llevó a Estados Unidos, donde durante más de una década gozó de un éxito rotundo. La máquina fue llevada a Cuba en un principio de gira por la América hispana, pero allí el secretario de Malzel falleció y se suspendió la gira. Mientras volvía a los Estados Unidos, Malzel bebió hasta morir en su camarote. 

Finalmente, en manos de un amigo El Turco fracasó como espectáculo y terminó en un rincón del Museo Peale de Baltimore, hasta que pereció en un incendio en 1854. 

Después del último fatídico suceso, el hijo del último propietario reveló el secreto y explicó el funcionamiento de la máquina  en la revista de ajedrez The Chess Monthly, en 1857. Allí cuenta  que unos 15 jugadores de ajedrez habían operado el autómata durante sus 85 años de existencia. 

El artefacto tenía un falso fondo donde se ubicaba ingeniosamente sentado un jugador de ajedrez y a través de complejos mecanismos de imanes y resortes lograba realizar jugadas en el tablero. Durante más de ocho décadas se mantuvo en secreto y  miles de personas contemplaron maravilladas la gran farsa. Esta máquina planteó de todas maneras un problema para los constructores futuros de las inteligencias artificiales: ¿es posible la inteligencia de las máquinas sin intervención humana?

En 1997, casi siglo y medio después de la desaparición de El Turco, una máquina, que se llamaba Deep Blue, logró derrotar genuinamente al campeón de ajedrez Garry Kaspárov.

kasparov deepblue