MINIFICCIONISTAS PANDÉMICOS | Karla Barajas: “Escribir es penetrar ese infierno interior, caminar entre el fuego”

Por Camilo F. Cacho

Una vez el hijo de la mexicana Karla Barajas le contó a su profesor de violín que su mamá era escritora pero que no vendía muchos libros y por eso era muy pobre.

Sin embargo, al estilo del Rey Midas, Karla Barajas va transformando en oro todo lo que toca y lo va poblando de una profunda belleza, porque esa es su naturaleza y su estímulo. Ante cada acto de escritura ella cree que hay que ser terco y no esperar reconocimientos y validaciones y que es muy importante desarrollar la autocrítica, la perseverancia, la resistencia, la honestidad y, sobre todo, la humildad.

Karla Barajas va por el mundo dejando una estela de hermosa luz y al leerla o escucharla se puede admirar lo que ella misma dice de sí: Me siento plena al maternar, al criar y al crear… Y en ello está puesta su verdadera riqueza…

–Además de tu gusto por leer y estudiar mucho, sos analítica respecto a todos los temas que te atraviesan. ¿Cómo pensás que debe ser la formación de un escritor, más allá de lo estrictamente académico?

–La materia prima de quien escribe es la experiencia en la vida, percibida con los sentidos, y al evocarla se da verosimilitud a una narración; de ahí que, como en la formación científica, en la escritura se utilice la observación, la deducción lógica y la intuición creadora. La verosimilitud también se logra con el trabajo riguroso del escritor. Es como el ebanista, quien pasa horas tallando cada detalle de su obra; aquí se corrige, se analiza, se aprecia cada una de las creaciones.  Las experiencias arrastran emociones que a veces avergüenzan o duelen y se convierten en algo que deseas compartir, pero abordas superficialmente y eso no funciona. Escribir es penetrar ese infierno interior, caminar entre el fuego, muchas personas no salen ilesas, pero quien escribe con arrojo no teme a quemarse y logra acceder a lugares oscuros de la memoria, la mente, el cuerpo, y compartirlos en su narrativa. Los mecanismos de defensa psicológicos se trasladan a la hoja y produce contradicciones imperceptibles para algunos lectores, pero no para los ávidos. Como un especialista en salud mental, hay que hacer un procedimiento psicoanalítico personal continuamente.

Para la formación de una escritora cuenta todo, incluidos actitudes y valores, ya que la mayor parte del tiempo se reciben decepciones. Se necesita ser terca, no esperar reconocimiento o validación para crear, escuchar la crítica en silencio y desarrollar la autocrítica, perseverancia, resistencia, honestidad y humildad, no dejar de ejercitarse ni de escribir. Se requiere compromiso y rigor, para lograr que la escritura llegue a ser literatura o logre ser arte.

–En una publicación reciente te autonombraste como CRONOPIA. Más allá de la referencia a Cortázar, ¿cuál fue tu camino para definirte así?

–Los cronopios “se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar… pierden lo que llevan en los bolsillos y hasta la cuenta de los días”. En los viajes no encuentran hoteles, les llueve, porque no son metódicos. Se entristecen, sí, pero a pesar de todo reconocen la belleza en el ahora y piensan que a todos les pasa lo mismo. Son desorganizados con la memoria, les entristecen algunas reflexiones raras, se detienen a pintar tortugas, a contar tragedias ajenas en un telegrama. Así soy y así son mis amistades más queridas. Son seres divertidísimos, que por distraídos se pierden en lugares raros. Casi no tienen hijos, pero cuando los tienen los aman infinitamente y ven en ello lo más hermoso del mundo. Me supe cronopia un día cuando en espera de mi hijo afuera del jardín de niños, yo leía Educación de príncipe, de Julio Cortázar, y el texto hablaba de la fuerza con la que ama un cronopio a su hijo y el hijo lo odia. Tocaron el timbre y mi niño salió mal encarado de la escuela y me reí y escribí sobre el cuento “Cronopia”. Camino a casa terminé de leer la historia y decía: “Pero los cronopios no sufren demasiado con eso, porque también ellos odiaban a sus padres y hasta parecería que ese odio es otro nombre de la libertad del vasto mundo”. Yo no sufro demasiado con mis tragedias.

–¿Cuál ha sido tu experiencia como parte del colectivo MP?

–El colectivo tiene una estructura jerárquica que permite la toma de decisiones de manera horizontal. Es decir, se realizan propuestas, se votan y se ejecutan. Tenemos una fundadora y directora, miembros que dirigen el área de comunicación, difusión y promoción del colectivo. Es maravilloso que cada integrante tiene una conciencia de colectividad, por lo que desde que nació el grupo, cada uno ha realizado propuestas, les ha dado seguimiento y como resultado tenemos tres videos colectivos, la realización de videos individuales que se suben a la página de internet, hay una antología maravillosa llamada Microbios, editada por Dendro Ediciones, con prólogo de Patricia Nasello y con la ilustración de Sergio Astorga, además de formar apegos entre varios integrantes. Digo todo esto porque no es fácil trabajar en equipo, con respeto, con disciplina y con compromiso y este grupo lo ha logrado sin importar barreras geográficas, edades. Hicimos de la distopía una utopía, un espacio artístico, de intercambio cultural en tiempos pandémicos. Ha sido bellísimo tener un acompañamiento con gente que ama la minificción, que le gusta la experimentación, que comparte su experiencia, mirada, y ahora son mis amigos.

–Tenés dos hijos pequeños. ¿Conocen tu tarea como escritora? ¿Les has explicado lo que hacés?

–Dedicarle tiempo a la formación, a la apreciación, a la lectura, es percibido por muchos seres en mi entorno como una obligación si estudias, un hobby o una cuestión de ocio. Es imposible para ellos entender que la escritura demanda responsabilidad y tiempo, que le he robado horas a la madrugada para leer o escribir, es incomprendido y es motivo de reproches,  chantajes, comentarios hirientes, inapropiados e innecesarios como: “A tu mamá le importa más la literatura que cualquier cosa”, así que les expliqué a mis hijos lo que hacía para no dejar que a ellos los corroa la sensación de que para mí es más importante leer que atenderlos, ir a una presentación que cuidarlos. Esos reproches pasivo agresivos también me afectaron porque me sentí culpable por asistir a un diplomado, leer o escribir, ser invitada a una feria del libro, recibir un Premio Estatal de la Juventud… así que me expliqué y les expliqué que para mí y para cualquier persona el desarrollo pleno se logra a través del equilibro, una parte de nuestra energía va destinada a nuestros seres queridos, otra al desarrollo profesional y laboral y otra al autocuidado. Todas iguales de importantes, todas demandantes.

Para mí leer, escribir, compartir la experiencia, asistir a talleres, ir a una presentación, ir a una feria de libros es felicidad, me siento plena al escribir, como también me siento plena al maternar, al criar y crear. Creo que ellos lo entendieron mejor que cualquier otro miembro de la familia y he tratado de integrarlos a la vida cultural. Por ejemplo, al hacer un microrrelato audiovisual, pedirles que ayuden a leer o que sean un personaje. También escribirles o leerles. Tomar talleres virtuales y oírlos cerca de donde está el mayor, porque los escucha y a veces da valoraciones acerca de los textos. Creo que mostrar con el ejemplo que es posible en este mundo capitalista y en este mundo machista, que una mujer realice sus metas, sueños, se cuide, respete sus límites, apoye y sea apoyada para que cada miembro en su familia se desarrolle, ese es mi legado para Samantha e Ian.

He tenido comentarios propios de la ingenuidad de mi hijo. En una ocasión en la clase de violín su maestro me preguntó algo y mi hijo, que tenía como 5 años, respondió: “Mi mamá es escritora, pero no vende muchos libros, así que es muy pobre”. El maestro comenzó a pedir disculpas por preguntar y se puso rojo, me dio palmaditas en el hombro, pensaría: “pobre mujer hundida en la desgracia”.

–Este mes compartiste un hermoso microrrelato con motivo de la celebración del Día de los Muertos que trataba con crudeza, pero a la vez con belleza, el tema de la homofobia. ¿Creés que todavía México continúa siendo un país con una homofobia muy marcada o están en proceso de abrirse hacia las nuevas minorías sexuales?

–La violencia, impunidad y prejuicios son la causa de los asesinatos a personas LGBTTT, hace falta un trabajo de concientización enorme para que los motivos relacionados con la orientación sexual, la identidad y expresión de género dejen de ser la razón por la que se cometen crímenes, nadie debería ser asesino y todas las personas deberían tener una vida libre de violencia. Además del trabajo legal, se requiere crear conciencia del problema. En ese sentido, los activistas como los creadores están sumando esfuerzos. Por ejemplo, este año surgió una antología de microrrelatos, compilada por José Manuel Ortiz Soto, Vimarith Arceaga, Diana Raquel Hernández Meza, como “un espacio dedicado especialmente a la diversidad sexo genérica. Estamos conscientes de que no es una solución milagrosa para que la violencia termine, pero sí creemos que este proyecto puede lle­gar a personas que necesiten saber que no están solas. Yo creo profundamente en que la literatura puede ayudar a crear conciencia y contribuir al cambio, por eso pienso que proyectos como Diversidad(es). Minificciones alternas pueden tener impacto positivo en nuestra sociedad. Es necesario escuchar las voces para crear un diálogo y avanzar.

–¿Qué proyectos aguarda Karla Barajas para 2021?

–Este año me ha permitido acceder a una serie de cursos, libros, clases con escritoras y escritores que jamás hubiera imaginado: Dina Grijalva, Rony Vásquez Guevara, Fernando Sánchez Clelo, José Luis Zárate, Ana María Shua, Ana Calvo Revilla, Marcia Ramos, Paola Tena. Estoy sumamente agradecida por ello. He dicho que este 2020 fue como si todo lo que había pedido durante años se me hubiera dado, ¡pero todo!: presentaciones, oportunidades de formación, el estar estudiando con los hijos en la casa, escribir, leer, y creo que parte de 2021 me dedicaré a repasar lo aprendido para mejorar con ello el trabajo creativo, a buscar los libros que se han recomendado y leerlos. También deseo compartir esos conocimientos con las compañeras del Colectivo Nosotras Contamos. Y espero que el año siguiente logremos presentar tres números de una colección destinada a la minificción.