DE NORTE A SUR | Ixora Irala

Por Yurimia Boscán

Ella es una dama que trina… de allí su vocación de pájaro en la caricia cuando la oímos cantar… Ixora, la maga, tiene el don de formar estrechos lazos de amistad con los personajes de sus libros… su credo está lleno de seres que habitan la intimidad de su biblioteca, con los que suele tomar infusiones de malojillo cuando la vida se pone del color de las lloviznas de mayo. Llega tarde a todas partes, a pesar de que los minuteros siempre le recuerdan cuán cercana está una cita, pero le es imposible ignorar las flores que le obsequian los instantes, aunque sepa que tendrá correr el último tramo de la ruta. Como cree en la resurrección de las palabras, debió aprender un oficio que le permitiera cazar gazapos en las páginas escritas, y aunque ella en lo personal es lo más alejado a la rigidez, su oficio le impone acatar ciertas normas para preservar el estilo de la lengua, de la que es devota, pues de ella bebe en la fuente creadora…

Credo de Ixora Irala

Creo en la casa del abuelo que cobijó mi infancia, y en los sueños que, como en las memorias del emperador Adriano, nos permiten seguir amando las voces perdidas en las aventuras de la nocturnidad.

Creo en Úrsula y en Aureliano, copia y modelo de mis viejos, resucitados una y otra vez en los ríos del tiempo para fundar aldeas conocidas y por conocer.

Creo en Siddhartha y en el tío andariego que me enseñó que el polvo del camino es un tesoro sin límites, porque lo esencial es cosa del corazón, como lo dijo el zorro domesticado por cierto niño de cabellos de trigo.

Creo en Carpentier y en el reino de éste, nuestro mundo, en la potencialidad de su aurora, en la lujuria de sus contrastes, en la certeza de esa prosa elevada a la enésima potencia por el placer del contar.

Creo en la guitarra que acarició mi padre y ahora acaricia mi hijo.

Creo en el trabajo insondable y sin tregua de los artistas, en la belleza sublime de las cosas sencillas, en las canciones de Luis Mariano, de Silvio y de Fito, y en la luz de Reverón y Van Gogh.

Creo en la conversa reveladora con un libro o con un desconocido, y en el té de malojillo, que da nuevos encantos a la tarde.

Creo en la complicidad de las olas, y en la sabiduría de las montañas.

Creo en la resurrección de la palabra y en la certeza de que tú y yo, mis hijos y tus hijos, sigamos amando, creyendo y creando hasta el fin de los tiempos, cual quijotes ante la dicha o la adversidad. Así sea.


Ixora Irala es licenciada en Letras de la Universidad Central de Venezuela. Es correctora de prueba y docente universitaria