EMPRENDEDORES | Laura Aravena Estética ofrece lo último en depilación definitiva

Por Mayrin Moreno Macías

 

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“Hoy la gente no tiene tiempo para sanar. Nos olvidamos de nosotros mismos. La monotonía, la rutina nos anula y el tiempo pasa y no perdona”, dice Laura Aravena con una sonrisa de oreja a oreja. Esta frase la pronuncia por experiencia propia. Desde que cumplió 14 años, cuando cursaba doble turno en la Ebyma en Diseño de Indumentaria, tomó la decisión de forjar su futuro. Supo de inmediato que se perdería de un montón de cosas si se quedaba sentada en el sillón de su casa, sin salir de su zona de confort, que nunca diría “¡Ah, mirá, no sabía que podía hacer esto!” o que dejaría de descubrirse a sí misma. “Es hermoso ser mujer y saber que podés lograr lo que te proponés, que podés aprender, descubrir mundos y sensaciones y vivir el presente con voluntad”.

Ella hace siete años que se dedica a la peluquería, el maquillaje y la estética corporal. Es cosmiatra profesional y docente de maquillaje en el IDRAET. En su renovado espacio, Laura Aravena Estética, ubicado en Barcala 287, además de los servicios propios de peluquería y estética que realizan de martes a sábado de 8 a 20 horas, este 19 de noviembre y de forma mensual ofrecerán el servicio de Depilación Definitiva con nutridas promos y regalos para los que quieran deshacerse de los pelos de las piernas, axilas, bozo, cavado, tiro de cola, rostro y brazos.

Este método es lo último en depilación infrarroja e indolora: mejora la piel, asegura resultados desde la primera sesión provocando una reducción visible del vello entre un 35% y 50% de la población total, alcanza un resultado definitivo en la mayoría de los pacientes entre 6 y 8 sesiones, no necesita gel y puedes retomar tus actividades de inmediato. Los turnos se sacan por el 260 4516272 o a través del Instagram de Laura: @lauraravenaestetica.

 

 

En esta tarea la acompaña Alba Daniela Bustos, quien fue una de sus primeras clientas “conejillo de indias”, de cuando Laura estudiaba peluquería y puso un cartel en la ventana de su casa: “Se buscan modelos”. “Hasta ahora todos los trabajos que he hecho me han gustado. La parte de Seguridad me apasiona y también hacía a domicilio la depilación con cera. ¡No dejo ni un solo pelito! Y después me quedé sin trabajo y Laura me ofreció trabajar con ella. Desde que la conocí confié en su manera cuidadosa a la hora de trabajar y también de enseñar”, dice Alba, y Laura agrega: “Espero que trabajemos por mucho tiempo. Es buenísimo que ella siga capacitándose. Empezó el curso de Cosmiatría y Estética Corporal para ofrecer juntas un mejor servicio a los clientes. Porque no le podés explicar algo al cliente si no lo sabés. Además, nunca dejás de aprender y es otra opinión que suma”.

 

 

Tipo pantene

Un sello de Laura y Alba es la pasión que transmiten en su día a día. Una vez llegó una mujer a la peluquería por recomendación. Le habían dicho que Laura trabajaba bien, pero sentía un poco de desconfianza. Hablaron, la peinó, rieron, escucharon música, como extra Laura le colocó una máscara de pestañas y un hidratante de labios. La mujer se levantó, se miró al espejo, movió el pelo de un lado a otro tipo “pantene” y dijo: “¡Me encanta, mirá como me dejaste, me voy renovada, gracias!”.

“Eso me eriza la piel. Es una manera de ayudar a otros. La gente necesita que la escuchen, hacer que se sientan bien consigo mismas, llegar a acuerdos. No puedo hacerles algo que sé que no van a lucir, que no les va a quedar bien o que les hará daño. Para mí es así. Hay que ver más allá. Cuando tengo confianza, también las empujo a hacer cambios, siempre explicando por qué les quedaría bien. En esta cuarentena muchas vinieron y se hicieron cambios rotundos. No les dio miedo cortarse de más o cambiar el color”.

 

 

Un maestro

Laura se formó como auxiliar de Cosmiatría y luego cursó Cosmiatría y Estética Corporal. No se olvida de las enseñanzas de su profe de peluquería Ismael Ríos. Antes de llegar a sus manos, estudiaba Ingeniería y necesitaba ingresos para solventar los gastos y que además le diera tiempo para seguir con la carrera. Empezó a preguntar para hacer un buen curso y le hablaron de Ismael. Además, entre semana cuidaba a una persona con discapacidad, por semana limpiaba una casa y los fines hacía empanadas. Así fue que pagó el curso y como sabía coser, ella misma elaboraba las capas, el delantal y las toallas.

“Este es un camino que recién empieza”, dice. Para ella es importante la formación. Este 2020 ha hecho de todo. El año pasado viajó dos veces a Buenos Aires. Siempre tiene presente lo que decía su profe, que el 50% de sus ganancias lo dedicara a capacitarse y hacer actualizaciones. “Es en lo que más invierto. En capacitarme y actualizarme. También en comprar productos profesionales e hipoalergénicos, libres de aceites y parabenos. Para uno como profesional eso te deja tranquilo, porque sabés que no vas a provocar una alergia o una irritación. Mi profesor también decía: ‘no hay malos productos sino profesionales mal informados’”, dice Laura.

En 2019 abrió su primera peluquería. Recuerda que ese día iba a compartir con la gente, a brindar y comer unos “sanguchitos”. Pero llegó una clienta con un apuro y ella la atendió. “¡Empecé el año con trabajo!, así que doy gracias por eso”.

Y este 2020, con la cuarentena, le costó mucho al principio. Se sentía frustrada porque había planeado un montón de cosas. Se había recién mudado y además estaban organizando la fiesta de egresados de los alumnos de maquillaje del Instituto. “No sabía qué iba a ser de mi vida. La peluquería era mi única entrada y las clases del instituto. Tenía algo ahorrado y junto a una amiga y mi novio empezamos a hacer empanadas, prepizzas, panqueques y así pagamos un mes de alquiler. Eran tres días de amasar, hojaldrar, hacer el relleno y preparar. Los días pasaron y se empezaron a reactivar las actividades. Los clientes me pedían turnos y bueno, comida y pelos no combinan, así que dejé de hacer comida”, dice.

 

Ya está bueno

Laura no sabe qué es tomar unas vacaciones. Pero de a poco y por necesidad intenta poner un freno y alimentar su espíritu. A los 18 años de edad le diagnosticaron un síndrome previo a la trombosis. Tuvo que tomar una medicina que le produjo una gastritis y después de 6 años no encontraba mejorías. Cada vez se sentía más cansada y débil y se le caía el pelo. Una clienta le sugirió ver a un médico en Mendoza Ciudad. Este, al ver los análisis, se paró de la silla y le dijo: “Vos tenés lupus. No sé cómo no te lo habían dicho antes”. El doctor le explicó que se trata de una enfermedad que afecta a los riñones, los huesos y la piel. Va destruyendo los tejidos y también es emocional. Si ella se estresa, brota.

“La gente me dice ‘pero si no tenés nada’. Otros me preguntan ‘cómo hacés para estar tantas horas parada’. Yo les digo que uno se acostumbra. Este emprendimiento es algo propio, es sacrificio. Valió la pena estar parada 12 o 15 horas trabajando para otros, pero hoy lo hago por mí, para mi futuro”.

 

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