MINIFICCIONISTAS PANDÉMICOS | Alberto Sánchez Argüello: “Creo firmemente en la cultura abierta, es decir, el Copyleft, el procomún, el dominio público…”

Por Eliana Soza Martínez

 

 

Alberto Sánchez Argüello, prolífico escritor nicaragüense, se inició en la literatura infantil, la ilustración y el cuento. Desde hace algunos años también escribe minificción y lleva seis libros publicados de este género, en editoriales de toda Hispanoamérica. Su profesión como psicólogo contribuye en la elaboración de sus personajes. De la misma forma, su trabajo como docente de Lengua y Literatura se ve reflejada en su “obsesión con la metatextualidad, la experimentación con las voces narrativas y el intertexto”.

Su labor como editor en Parafernalia Ediciones está ligada a la importancia de “la cultura abierta, es decir, el Copyleft, el procomún, el dominio público, las licencias Creative Commons para distribuir y compartir productos culturales de manera gratuita, sin limitaciones”. Otro ejemplo de este enfoque, como escritor, es que varios títulos de sus libros se pueden encontrar de forma gratuita en editoriales como Quarks ediciones y El Taller Blanco ediciones.

La buena noticia para nosotros que somos sus lectores es que Alberto no para de escribir, por lo que ni siquiera deberemos esperar hasta el próximo año para contar con nuevas publicaciones, solo queda estar atentos a sus  redes sociales para enterarnos de las novedades que nos trae este importante escritor centroamericano.

 

–Estudiaste Psicología y ahora eres maestro de lenguaje. ¿Cómo influyen estos conocimientos a la hora de escribir?

–En el día a día de mi escritura no estoy consciente de la relación entre ese conocimiento y mis procesos creativos, pero seguramente le debo a mi entrenamiento como psicólogo la elaboración de perfiles de personalidad que pueden contribuir a la elaboración de personajes, así como darle importancia a sus estados de ánimo y evolución , aunque esto se aprecia menos en la minificción y un poco más en mis novelas juveniles y cuentos. Sobre la influencia de mi docencia en Lengua y Literatura, se puede encontrar en mi obsesión con la metatextualidad, la experimentación con las voces narrativas y el intertexto.

–También escribes literatura infantil. ¿Cambian las temáticas que tocas en la minificción para adultos? ¿Qué es lo diferente?

–Normalmente sí, son distintos ámbitos temáticos, aunque he de decir que llego a esos temas desde un cierto estado de ánimo y motivación, más que desde una intención de crear un texto para un cierto público u otro. Cuando abordo la denuncia social, el terror o la fantasía monstruosa, seguramente el texto terminará dirigido a una audiencia adulta. Cuando me obsesiono con una microserie sobre seres fantásticos o un personaje infantil que describe al mundo de acuerdo a sus propias percepciones interpretaciones, estoy creando textos dirigidos a primeros lectores.

–Llevas adelante la editorial independiente Parafernalia, que este año ha engrosado su catálogo con varios títulos. ¿Cuál crees que es la importancia de los libros digitales y de libre acceso?

–Creo firmemente en la cultura abierta, es decir, el Copyleft, el procomún, el dominio público, las licencias Creative Commons para distribuir y compartir productos culturales de manera gratuita, sin limitaciones. Este fue el principio que me llevó a crear Parafernalia Ediciones Digitales en el año 2012, primero como una herramienta para divulgar autores y autoras locales con énfasis en la minificción, hasta alcanzar un rango hispanomericano con la publicación de la antología “Pequeficciones: piñata de historias mínimas para niños y niñas”, y la próxima a publicar: “Mosaico: minificciones sobre discapacidad”. La importancia de este tipo de publicaciones radica en la posibilidad de poner al alcance de lectores y lectoras del habla castellana obras de calidad sin barreras económicas, a la vez que se promueve el intercambio cultural y vencemos las fronteras geográficas.

–Recientemente publicaste la micronovela “Los Jiménez”. Este es un género poco explorado. Coméntanos sobre el libro y sobre cómo nace la idea.

–Vengo experimentando con la micronovela desde antes de conocer este subgénero de la narrativa breve. Empecé con “Prisioneros” y “Tellum” –inéditos– y fue con “Los García” (2015) con los que me hice consciente del término, al compartir la obra con la escritora chilena Pía Barros, quien tuvo la amabilidad de indicarme que se trataba de una micronovela. “Los Jiménez” parte del confinamiento, aunque no fui consciente de ello mientras la escribía. Se sustenta en las horas, días y semanas repetidas que se suceden unas tras otras en estos tiempos de pandemia. También es un reflejo de los temores colectivos que hemos desarrollado en la posmodernidad: el temor al otro, el miedo a descubrir que eso que llamamos real puede ser simplemente una suma de percepciones y creencias prefabricadas. 

–Desde tu mirada analítica y crítica y siendo parte de sus miembros, ¿qué opinas sobre el desarrollo del colectivo Minificcionistas Pandémicos?

–Comenzó como un grupo que buscaba compartir su creatividad en un tiempo caótico y difícil para terminar convirtiéndose en una comunidad minificcional hispanoamericana, probablemente única en su especie, que comparte obras, recursos, convocatorias, además de prodigar solidaridad y entusiasmo por el crecimiento colectivo. A mí me ha permitido conocer la obra de los y las colegas de diversos países y ser parte de diversas iniciativas de promoción de la minificción, pero sobre todo, sentirme parte de una comunidad que comparte mi amor por la narrativa breve.

–¿Qué novedades literarias disfrutarán tus lectores el siguiente año?

–Cerrando este año llegará “El monstruo de mi madre” de la mano de una editorial nicaragüense, una serie de relatos abrazados autobiográficos, que pueden ser leídos en clave de nouvelle. En Lima, de la mano de Micropolis, sigue esperando la luz “Dinosaurios de bolsillo”, una colección de minificciones de 140 caracteres. En enero de 2021, en otro país del sur, se viene un libro de ensayos sobre minificción y literatura y otro –en proceso de revisión– con una selección de las minificciones que escribí este año.