Carlos Capurro: “Nos quieren tirar el fardo de que no queremos dar clases presenciales”

Por Mayrin Moreno Macías

Él pudo dedicarse a cualquier otro oficio, pero eligió ser artista y docente. Así es la vida de Carlos Capurro: sube al escenario para actuar y baja para enseñar. Son 40 años ejerciendo en la educación no formal y 5 en la formal. Además, hoy sus brazos están estirados de tanto estrujar. Abraza todas las luchas. 

Se formó en las artes y la salud. Es técnico de Farmacia y Laboratorio, pero se enamoró de uno de los oficios más milenarios, el de titiritero, de la vieja escuela, ese que sale con su maleta de títeres, su teatrino y recorre pueblos y otros países para sacar como relámpago las alegrías y arrancar tristezas.

Carlos trabaja con chicos de 15 a 18 años de edad y también con adultos. Tuvo unos tres alumnos que no se pudieron conectar “nunca”. No disponían de aparatos y otros tenían lo necesario para recibir mensajes o hacer llamadas. Para él, han sido tiempos difíciles en los que solo las familias y los docentes saben lo que han pasado.

En este punto de la conversación, hizo un paréntesis para referirse a la entrevista realizada por Marcelo Torrez, de LV10, a la secretaria general de SADOP, Esther Linco Lorca, en la que dijo “con todo respeto” que los docentes “pareciera que quieren la pandemia eterna, protestar desde sus casas, estar panza arriba”, y sobre la respuesta que no tardó en llegar y se tradujo en una petición de Change.org en repudio a esos dichos, que al momento de esta publicación sumaba 18.521 firmas. “Yo no abriría un juicio respecto de su calidad como locutor o periodista, pero sí como hombre que está teniendo una intervención colaboracionista como político con el régimen y seguramente algún beneficio económico. Están haciendo una tarea importante desde el Gobierno: desacreditar al docente y dividirnos, y esto es lo más delicado, dividir a la comunidad educativa, nos quieren tirar el fardo de que no queremos dar clases presenciales. Una cosa terrible”.

changedocentes

A sus 57 años, Carlos transitó las dictaduras de Onganía, Lanusse y Videla, todas cruentas. “Cada vez que el pueblo se quiso organizar, cada vez que los trabajadores organizados en sindicatos se unieron junto al pueblo y sus reclamos, intervenían militarmente. Yo creo que a estos tipos, en esta democracia, el pueblo los vota y gobiernan como si fueran dictaduras militares, parecen la Gestapo. Hoy hacen todo un laburo con la prensa, tipo Goebbels, como la prensa nazi. Debemos tener cuidado y seguir la unidad en todas las luchas. Todas están vinculadas de alguna manera, porque es el sistema el que está en descomposición, es el sistema que nos oprime, que nos saca calidad de vida. Por eso debemos solidarizarnos con todas las luchas. Y me solidarizo con Esther. Ese tipo debe tener algún apoyo por parte del Gobierno para manifestarse de esa manera, es evidente que el Director General de Escuelas no lo pudo decir y manda a los colaboracionistas”, dijo. 

Imaginación arriba

En su casa no pudieron habituarse a la cuarentena. Vive en Las Heras. “Verdaderamente para un artista fue como morir en vida, nos ha costado desempeñar nuestra tarea. Y como profesor ha costado un montón, no solo por la conectividad sino por las condiciones económicas, sociales y edilicias. En mi familia también hay docentes y estudiantes, y nos ha costado distribuir los espacios y el poco equipamiento que tenemos”, dice.

Carlos tiene a su cargo 8 secciones con un total de 65 alumnos conectados. Además de reinventarse, su imaginación alcanzó unos niveles elevadísimos para que sus estudiantes pudieran hacer las prácticas y mantener esas relaciones sociales que solo se desarrollan en el aula: una pequeña puesta de una intervención teatral o de títeres, la construcción de algún elemento de utilería y la teoría. “El arte en conjunto en el aula es algo que se extraña muchísimo”, expresó.