70 años de Malargüe: “Florencia Soledad”

El próximo 16 de noviembre se cumplen 70 años de la fundación de Malargüe. Es por ello que compartimos un texto de uno de sus hijos, el escritor y recitador Martín Sánchez, quien ha sabido plasmar en numerosos poemas el devenir del más austral de los departamentos mendocinos.

Florencia Soledad

Flor, hija del gringo
que negocio tenía,
justo al lado de la esquina.
Todo lo que uno precisaba
en su boliche había.
Recuerdo que afuera decía
con un gaucho de a caballo
grande en el letrero
Almacén y vinos
“El Resero”
Su madre Clarita,
más buena que un sol era.
De celadora hacía
donde juntos fuimos
de chiquillos a la escuela.
Nos criamos casi parejo
teníamos la misma edad
le decíamos Flor,
pero se llamaba Florencia,
Florencia Soledad.
Aplicada en sus tareas
y a la vez muy callada.
A mi me gustaba pelear
a las luchas en el patio.
Con una piola enlazar,
a mis compañeros manear
y en un palo de escoba cabalgar,
todo eso menos estudiar.
Así que ella me decía,
sin muchas vueltas;
– Juan, ahí tenes mi cuaderno:
Si querés, copia.
Cosas de pequeño
que el tiempo va cambiando.
Se fue poniendo moza
y yo también crecía.
Hasta que me di cuenta
una tarde ventosa,
al verla tan hermosa
que tanto la quería.
Muchas veces practiqué
esperando tener una cita.
Hasta que un día tomé valor
y al recreo esperé.
– Vení Florcita
tengo que hablar con vos.
Hay le dije lo que sentía.
y le brillaron los ojitos.
Como de costumbre
no habló mucho,
solamente contestó:
– Callate tontón.
Y al instante el pial
me largó para que caiga.
-¿Y qué queres que le haga?
-Mejor no hagas nada,
yo ya sé como sos,
pero a mi no me importa.
Solamente era,
para que lo supieras.
Los años galopearon,
el tiempo pasó.
La primaria terminó
y la Flor los estudios siguió.
Yo me quedé en el puesto
apenas con el séptimo grado
y ya no jugaba,
si no mejor ayudaba.
Más siendo el único
que en las casas quedaba.
Le hacían la despedida
y una mañana llegó
trayendo la invitación.
Mi corazón se disparó
como bagual acosquillado
cuando sus manos golpeó
– Pase señorita.
Tantos años Florcita
– Acá te traigo la tarjeta.
Y no vayas a faltar.
Ahí quede escarchado
sin saber que decir
Lo único que se me ocurrió
es ponerle la excusa
– Mi negra usted sabe bien
que no me gustan las fiestas.
Y no viene que hay nomas
de sus labios el beso
más dulce me hizo probar.
Lo que sigue, lo que sigue:
No se los voy a relatar,
pero tengan por seguro
que el cielo con las manos
logré alcanzar
¿Qué iba ir a la fiesta?
Toda la tarde lo pensé
Aún, en mis labios tenía
ese gustito a miel.
¿Para verla como se iba
allá pal San Rafael?
Mi padre,
al tiempito se achacó,
ya no podía solo.
Así que un día me dijo
– Juan ya estás muchacho
y yo mal con ésta tos.
Si querés vendemos todo m’ijo,
o te haces cargo vos.
Yo le dije que si,
sobre la misma.
Pero pa’ dentro mío,
decía Juancho
acá se te armó el lío.
Si había quedado
como loco de enamorado.
Asi que peor,
más ocupado andaba
pero a pesar de eso
la distancia y los años
nunca la olvidaba.
Cuatro años ya pasaron
de aquella fresca mañana
y hoy justo en El Alambrado
me han convidado.
Hay una de esas farras
que organiza el estado.
Y como tampoco soy uraño.
voy a ir bien cacharpeado,
haber si me tomo un trago
con los criollos de ese lado.
Todo muy lindo ha pasado
Hasta unas cuecas he bailado
vino, ensalada y asado.
Pero resulta que aquí
la historia no ha terminado.
¿A quién veo entrar?
No se si eran las ganas
o la misma ansiedad.
Pero sí, era ella
mi Florencia Soledad.
Me le arrimo y enojada
me las dejó caer
– No era que a vos
las fiestas no te gustaban.
Pensé no volverte a ver.
todavía te estoy esperando
como la última vez.
Otra vez yo como siempre
me quedé callado,
como muchacho retado.
Y ahí mismo con otra se largó:
– Ando buscando a mi niño
que andaba jugando.
¿No lo has visto?
Y yo ahí parado sin saber
que pregunta hacer.
– ¿Tenés un hijo?
– ¿Cuántos años tiene?
Resulta que responde,
y me ha dejado helado:
– Sí, se llama Juan, como vos
y ya dentro de poco
cuatro años va tener.
Yo les he contado
que para el estudio
nunca fui muy dotado,
pero para las cuentas
se las peleo al más mentado
-¿Ese hijo es mío?
– Claro tontón
¡De quien más va ser!
Pensé que no lo ibas a querer
Como justo me fui,
nació en San Rafael.
Pero ya no aguanté más
y el te quiere conocer
Y allá entre la gente
lo he visto asomar
¡Mijito!
Hombrecito como yo.
A cachetada limpia jugar
con uno más mayor.
Pegándose en los lados
Simulando montar
un pingo desbocado.
¿Cómo no lo voy a querer?
Si yo jamás te olvidé
todas las noches le recé
A mi Diosito que es bueno
para volverte a ver.
Desde ese día,
que le voy a contar
Ya ni siquiera por chiste
los dejo marchar.
No valla hacer cuestión
que me pase
Lo que me paso aquella vez
Y ahora en El Manzano
En El Manzano,
vivimos los tres.