Marcelo Bustos, un apasionado de la mecánica y la docencia

Por Mayrin Moreno Macías

Marcelo Bustos dejó la abogacía por la mecánica. Es un apasionado de lo que hace. Se siente realizado. Más allá de que pueda generarle uno que otro dolor de cabeza, contratiempos o rabietas, esta emoción no la cambia por nada. Los autos son su cable a tierra. Además cuenta con un plus: hace cinco años es docente de mecánica en el CCT 6-039 Guillermo Catalán.

En un galpón de Remedios de Escalada al 300 se encuentra su taller. Estaban armando un Peugeot 206 de 16 válvulas con turbo. Marcelo, además de hacer servicio del automotor, tiene como hobbie preparar autos de cuarto de milla, de picada, de carrera y karting. Ya tiene una trayectoria de más de 20 años en la parte mecánica y deportiva, y 4 años en karting. Se hizo aficionado porque su hijo de 17 años corre y él lo acompaña en todo lo que pueda. “El año pasado se le escapó el campeonato de karting por 5 puntos. Hizo una gran temporada. Arrancamos como un hobbie y después se hizo más competitivo. Aprendí la mecánica de los kartings, invertimos dinero y tiempo. Lo hago porque es mi hijo y me apasiona”.

En este taller se preparan entre 10 y 15 autos. Tienen el auto aspirado armado de calle más rápido de San Rafael. También arma uno de carreras para la categoría del zonal. “Hay varios que son protagonistas. La idea es que lleguen al podio”, dice Marcelo.

Los comienzos

Año 2001, época del Corralito. Marcelo ya tenía fecha de casamiento. Había alquilado todo y se quedó sin trabajo. “Fue duro. Arranqué de cero. No había algún familiar con talleres de otros tiempos. Una época muy difícil en el país.  El taller fue una salida laboral. Lo hacía de hobbie y no tenía clientes, solo venía un amigo o quizás un familiar. Pero el sacrificio y ser correcto en lo que hago me ayudó a crecer y que hoy tenga trabajo y pueda vivir de esto”, cuenta Marcelo.

En el taller también le ha tocado ser psicólogo, dice. Explicar es parte de su tarea diaria para que las personas se sientan parte de la reparación del vehículo. “Hay gente que viene por un servicio común o que se le rompe el motor y la verdad uno no prevé una situación de esas, uno no junta plata todos los meses para cuando  se rompa el motor, o que se funda y tengas que repararlo de nuevo, es muy difícil encarar esa situación. Para que el cliente no se sienta peor de lo que viene, trato de explicarle cuáles son las cosas buenas y malas. Qué pasaría”, dice.

Comenta que hay días sencillos y otros muy complejos. Marcelo trata de cumplir con los tiempos que se pactan, pero a veces escapa de las manos. Hay vehículos que traen las fallas más insólitas. Hace dos semanas le llegó un auto y pensó que sería sencillo. Terminó desarmando medio motor porque tenía un diente de la bomba de aceite roto.

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Doble vocación

Marcelo llegó al CCT Guillermo Catalán por una suplencia. Se presentó con todos los papeles y las certificaciones. No estaba consciente de su vocación de profesor. Lo que sabe no se lo guarda, porque esos conocimientos no se los va a llevar a otro lado. Es un buen influencer. “Eso se debe quedar acá. Justamente estamos haciendo un instructorado para agregar la parte pedagógica”, dice.

Él cumple con la currícula del programa de estudios, pero va más allá. Sus estudiantes quieren aprender el oficio y también les interesa esa pasión que Marcelo siente por los autos de carrera. Les da una mano, consejos para que aprendan, les mata la curiosidad. “Siempre llegan con hambre de saber más y más. Los chicos de primer año en época de Speedway arman y desarman un auto, que es de la misma escuela. Hace tres años que manejo ese proyecto”.

Marcelo considera que la pandemia fue un duro golpe para la educación. “Nos afecta porque tenemos mucha práctica en la escuela. Los estudiantes necesitan palpar una pieza, una tapa de cilindro, saber qué es una válvula, un inyector”, dice. Él ha estado impartiendo las clases por Zoom. Lamenta que haya bajas de alumnos y le entristece que se haya perdido el tiempo.

Antes de hacer las fotos, un cliente comentó que los mecánicos pueden ser como los médicos, es decir, que se puede caer en buenas manos y resolver rápido el problema o todo lo contrario. Para Marcelo, hay todo un abanico. De hecho, resaltó que no hay mecánicos malos sino con capacidades diferentes. Y también recursos. Que cada uno tiene una chispa que hace que encuentre más rápido o lento el problema, aunque no negó que existen aquellos que quieren sacar más dinero o se aprovechan de una situación. “Creo que todavía queda gente honesta”, cerró.