Sonnia De Monte: “Parece que lxs artistas no tuvieran DNI ni necesidades”

Por Mayrin Moreno Macías

“A reinventarnos sin perder el rumbo”, dice Sonnia de Monte. Hace unos días fue convocada como dramaturga al espacio virtual “Yendo de la escena al living”. Valeria Bruna, una actriz puntana, se hizo cargo de actuar el monólogo y a Sonnia le resultó muy gratificante su trabajo, su emoción e interpretación.

Por suerte, a Sonnia le tocó un tema “muy caro” para ella: trenes. No desaprovechó el momento e hizo un reclamo. “Soy parte de una generación y de un pueblo que perdió el tren y perdió demasiado, como tantos otros pueblos en el país. No es casual que cada intendente, gobernador y demás en sus campañas, generalmente mentirosas, echen mano a la promesa de recuperar el tren. Hasta hoy, ese medio de unión, que es un servicio y no una empresa, sigue solo en el recuerdo y en las campañas engañosas. Algo de esto plantea el monólogo…”.

–¿Qué opinas de la virtualidad como modalidad de trabajo?

–Confieso que aún no logro sumarme totalmente a esta modalidad, porque existe distancia, porque no se produce el necesario intercambio y análisis profundo de lo que se muestra; es un poco fría y extraña, como la tecnología. Pero no me niego a estar, a hacer también allí. Es trabajo y no siempre los resultados son tan perturbadores y emocionantes como cuando se siente y ve al público. Pero, tal como se dice, “es lo que hay”.

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Foto: Willy Olarte

El Nuevo Medioevo

Sonnia es actriz y escritora, dirige teatro, intenta formar grupos con continuidad, no efímeros. Le apasiona el cine, guionarlo y trabajar como actriz ante cámara. Todo eso forma parte de su tarea y, en lo posible, de su subsistencia, “cosa muy difícil ante las situaciones que cualquier trabajador y trabajadora, en este caso del arte, experimentamos”, dice.

Durante la pandemia ha leído y escrito mucho, algo que ya era habitual para ella. Sin embargo, puso a prueba su inventiva para seguir trabajando, creando y uniendo a grupos en la distancia. “Creo que, en general, hemos visto muy claramente el abandono e indiferencia que hay hacia nuestro trabajo, que acompaña, comunica, emociona. Todo el mundo lo aprovecha, pero una muy pequeña parte del mundo lo reconoce. Hubo proyectos (tal vez continúen) en los que se ha convocado a artistas desde lo oficial pero sin pagarles un centavo, o han inventado concursos para no asumir que no se arreglan los abandonos premiando, sino mejorando las circunstancias. Ese oscurantismo de funcionarios que permanecen en sus puestos sin tener idea de para qué o sabiendo para qué, pero que no les importa. En mi caso, casi siempre hice teatro independiente y no me extraña, pero estos son tiempos de velar por cada ciudadano y ciudadana y parece que lxs artistas no tuvieran DNI ni necesidades. Se proyectan nuestras obras, se llena programación en TV, por ejemplo, pero se evaden sistemáticamente nuestros derechos intelectuales. Lo hace Acequia TV, el canal oficial que ni siquiera llega a todo el territorio provincial; lo hace Señal U, el canal de la UNCuyo, de donde tantxs hemos egresado. Insisto en que no es nuevo, pero ahora debería haber sido distinto por las dificultades que tenemos para trabajar y generar ingresos. Deplorable. He leído mucho sobre las distintas etapas de la humanidad en que sucedió algo parecido. No hay mucha diferencia con el Medioevo en cuanto a la falta de solidaridad, de higiene y de protección mutua”.

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Arte en todos lados

Estos últimos años desde su querido Bowen, Sonnia ha reflexionado sobre las cosas que ha aprendido de la vida y la escritura. Reencontró temas y al teatro popular que hizo con tanto gusto y entrega cuando trabajó con “el Flaco” Suárez. “Mi elección fue volver a mi lugar natal y trabajar desde acá y acá, porque creo que el arte debe estar en todos lados, ofrecer sus herramientas de comunicación y su aspecto contestatario; no valorar solamente los sitios donde te mencionan en diarios, TV, revistas, estatuillas, etcétera, sea en centros gigantes u otros. Entenderlo y dedicarme ha sido un alivio”.

–¿Tu yo interior tiene edad?

Siempre dije que durante la dictadura perdí unos diez años de vida. Así es que tengo diez años menos. Pero, en verdad, nunca se me ocurrió preguntarme tu pregunta.

–¿Crees que uno es un poco de lo que lee? Cuéntame acerca de tu biblioteca. ¿Hay algún libro o lectura a la que siempre regreses?

Sí, estoy de acuerdo. Cada unx es bastante lo que lee y lo que elige leer, pero más releer. Mi biblioteca es ecléctica y más o menos poblada. En mi casa natal uní la mía, que traje conmigo, con la que ya existía y había leído durante mi infancia y adolescencia. He releído hasta algunos títulos de la vieja colección Billiken, David Cooperfield, Bola de Sebo, Eugenia Grandet, filosofía, historia, qué sé yo, un reencuentro con años más felices. Releo sí, mucho. “Las uvas de la ira”, de Steinbeck; “Dios era olvido”, de Tejada Gómez; “El ruido y la furia” y “Mientras agonizo”, de Faulkner; “Los pasos perdidos”, de Carpentier; “Cien años de soledad”, de García Márquez… Son varios. Los releo cada tanto. Y es una satisfacción indecible releer a Rivera Letelier, un gigante del humor y de dejar culo al aire a la pobreza y al poder. Las mujeres que leo y releo son muchas, pero siempre estoy en búsqueda porque es difícil transformarse en “clásicas”, ¿no? Seguimos en la lucha.

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Olvidos: ¿Quién fue Antonio Di Benedetto?

Este 10 de octubre se cumplieron 34 años del fallecimiento del escritor Antonio Di Benedetto. Sonnia estuvo “tras la sombra” del escritor. Para ella no fue una ligereza contar lo que descubrió durante esa investigación. “Conocía su obra, sus dolores, su detención, su exilio, su regreso. Pero releerlo, buscar testigos de cada una de esas etapas de ese gran escritor, comunicarme con su hija y que me pidiera escribir las palabras para su epitafio… Pues bien, mi trabajo son las palabras pero no es fácil decir lo que descubrí y sentí, porque no lo leí en libros, sino que lo escuché desde quienes vivieron esas vicisitudes con él. Antonio fue un hombre sufriente, profundo, tímido y a la vez con un humor ácido que quizá lo protegía. Un castigado por ejercer el periodismo cabalmente. El periodista que trabajaba para el periodismo, no aquel que se transforma en exégeta del mejor postor. Mi trabajo fue ese, rebuscar, indagar sobre él, que cada testimonio lo reconstruyera desde cada visión unilateral. Así, en esa enumeración para nada fría, tratar de conocer al ser humano en sus diversos aspectos y circunstancias. Tal vez hasta aparezcan contradicciones entre testimonio y testimonio. Pues bien, eso somos, ¿no? A pesar de homenajes, efemérides y calendarios que corretean a tanta gente con responsabilidades de contener y proyectar la cultura, creo que Antonio Di Benedetto volvió a olvidarse. Hay etapas de nuestra historia que muchos y muchas prefieren dejar pasar; que los nombres se vayan olvidando, que los trabajos, las acciones y las obras se diluyan, porque no saben qué hacer con su propia falencia humanitaria y sus discursos de ocasión”.

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Desnudar los sentidos

Aunque no tiene demasiada preferencia, a Sonnia le interesan las historias que descubren y hacen descubrir el dolor humano, las injusticias, el humor que aparece desde la experimentación de las crueldades y la resistencia. También la poesía que rubrica esas verdades y desnuda los sentidos y los sentimientos. “En general, me gustan los textos poéticos; no tanto los directos, anecdóticos, secos o sin metáfora que permita ahondar en lo que realmente se quiere tratar, exponer o comunicar”.

–¿Qué opinas acerca de la energía femenina en ámbitos de poder? 

Las mujeres no dejamos de luchar y de ser vapuleadas. Eso oprime y a la vez empuja; es decir, somos una catapulta. Quizá te lo pueda resumir con un texto brevísimo que escribí para el libro “¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género”:

CACERÍA

Tiempos.

Cuevas de Altamira.

Cueva de las Brujas.

Siempre, para siempre, manos que golpean o que no golpean.

Conozco a las bestias de la caza y de las casas. A las bestias de las religiones. A las bestias de las culturas.

La historia de las piedras, soy.

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