Gandhi: un hombrecillo más…

Por Reinaldo González

El inglés omnipotente
Nos rige con mano dura
Por su carnívoro diente
Que le da seis pies de altura

 

Antes de ser el Mahatma, Mohania comía carne a escondidas, contrariando la formación hinduista que le habían dado su padre Karamchand (primer ministro de Porbandar) y su madre Putlibai. Nacido el 2 de octubre de 1869, quería ser alto para desafiar a los ingleses… La travesura no le duró mucho: a los 13 años contrajo matrimonio con Kasturbai, de su misma edad y casta, y mientras disfrutaba de los placeres de la otra carne, su padre murió. Le tocó crecer de golpe, pero muy por debajo de la estatura sugerida por aquella canción de la niñez.

Partió a Londres en 1888 para estudiar Derecho y estar en condiciones intelectuales de perpetuar la tradición familiar de gobernar Porbandar bajo las leyes inglesas. Antes, juró que no comería carne ni tomaría vino ni tendría relaciones sexuales con otra mujer. Fue en el contexto de la Inglaterra victoriana, con todas las tentaciones occidentales en ebullición, donde paradójicamente forjó su base moral. Sus nuevos hábitos alimenticios lo llevaron a integrar el comité directivo de la Sociedad Vegetariana de Londres, pero también a participar en acaloradas discusiones entre socialistas, imperialistas, ateos, cristianos, musulmanes, hinduistas… la mayoría de las veces como oyente.

A su regreso a la India, en 1891, lo esperaba Kasturbai, pero no el cargo de Primer Ministro ni nada que se le pareciera. Era un abogado entre miles, un hindú entre millones, un hombrecillo más… Urgido económicamente, aceptó un contrato de trabajo por un año en Sudáfrica, donde padeció directamente el racismo hacia la diáspora india. Las aceras eran solo para blancos y los coolies, como les decían, debían viajar en la tercera clase del tren, junto a los negros. En la innombrable estación de Pietermaritzburg, durante un viaje a Pretoria, Gandhi se negó a ocupar su lugar y fue golpeado y expulsado del tren. Llegó a describir ese momento como el más “creador” de su vida, una suerte de epifanía sobre su misión.

Transcurría lo que algunos autores clasifican como el período sudafricano (1893-1914), cuando “forja su método, lo ejerce y lo pone a prueba en pequeña escala”. Lo llamó satyagraha (del sánscrito Satya [verdad] y agraha [aferramiento]), es decir, insistencia encarnizada en la verdad. Luego de una primera etapa en Natal, donde fundó el Congreso Indio (1894) y sostuvo el semanario Indian Opinion (desde 1904) para denunciar la discriminación a sus compatriotas y exigir su fin mediante movilizaciones y acciones de no cooperación, trasladó el conflicto a Johannesburgo. Entre 1906 y 1914 estuvo seis veces en la cárcel y fue condenado en cuatro oportunidades, pero casi todas las demandas de los indios finalmente encontraron aceptación legal en julio de 1914.

Es en la India, a partir de 1915, donde perfecciona el método. Luego de la Primera Guerra Mundial, enfoca la no violencia en exigir independencia ante el Imperio británico. Sus acciones más conocidas: la marcha de la sal, el 12 de marzo de 1930, que desafió el monopolio británico sobre la explotación del mineral; su participación en la Mesa Redonda de Londres, en 1931; y la moción del Congreso exigiendo a los ingleses “Váyanse de la India” el 14 de julio de 1942, abrieron el paso a la independencia definitiva el 15 de agosto de 1947, pero la inmediata división de la nación en dos países (India para los hinduistas y Pakistán para los musulmanes) hizo que su muerte espiritual se adelantara a su muerte física, el 30 de enero de 1948, cuando fue asesinado por el fanático Nathuram Jodse.