CINE | Sobre “Boyz n the Hood” y la escuela como perpetuadora de privilegios

Por Mariano Dubin

Las mejores escenas (creo) de “Boyz n the Hood” –traducida como “Los chicos del barrio”– son las pocas que hay sobre la escuela. En la primera, una maestra blanca discute con un niño –que es el protagonista de la película– y lo hace pasar al frente. El niño dice que “todo” se originó en África. Y otro chico negro lo insulta: “Vos negro serás de África”. Todos se ríen. El protagonista, entonces, le contesta: “Quieras o no, vos venís también de África”.

Digresión: me recordó una situación que observé en una escuela de una favela de San Pablo. En un curso de primer año de secundaria, comenzamos leyendo un manual de Historia a un curso de alumnos negros todos: “Grecia, origen de la civilización”. También ahí, como acá, no fueron muy bien recibidas las apelaciones africanistas. Recordemos que en época de Lula se ingresó al currículum escolar la historia africana. Muchos alumnos, cuando había capoeira en la escuela –en el marco de algunos programas–, por ejemplo, abandonaban el lugar ya que eso era “paganismo africano” y ellos eran, claro, “evangélicos”. Un debate no saldado que también aparece en “Boyz n the Hood” sobre qué es ser negro en Estados Unidos.

Pero la escena –en realidad, dos líneas– que más me gustó es cuando el protagonista, ya cumplidos los 17 años, debe rendir su examen para poder ingresar a la Universidad. El padre le dice algo que resume varios tomos sobre el fracaso escolar: “Esas pruebas están hechas para que los negros fracasen”. O dicho al revés, esas pruebas están hechas para legitimar culturalmente a quienes ya ocupan un lugar socialmente privilegiado.

Desde ya, cualquier estudio de evaluaciones y cotidiano escolar podría complejizar esta afirmación, pero prefiero quedarme con una idea: hay “pruebas” que están hechas para hacer fracasar y luego culpar al “fracasado” de su fracaso. Hace décadas, cuando teníamos otros proyectos políticos, pedíamos transformar todo. Hoy aceptamos servilmente las reglas del sistema: juzgar al “fracasado” de su “fracaso”. Ese es el triunfo cultural del capitalismo.

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