Pamela Dalpozzo: “Me encanta ver el empoderamiento femenino, es como un sueño”

Por Mayrin Moreno Macías

“¡Basta con la fábrica de estereotipos, seamos lo que queramos!”, dice Pamela Dalpozzo. Ella hace poco se atrevió a teñirse el cabello de color verde. Va por ahí con su trompeta, su perro Moro y se siente bien, segura. Aunque la pandemia impuso la pausa, Polli, como le dicen sus amigos, recuerda que la calle es su escenario favorito. “Allí veo el inmenso poder de la música: en las caras de las personas, en la sorpresa que le genera a un niño, en la señora que te dice con los ojos brillosos que le alegraste el día… Es eso, intervenir en un día de alguien con un poco de alegría, es un regalo a la vida, es hacer que el arte no se apague”.

Gracias a la trompeta se convirtió en una viajera. Un día le llegó una bastante maltratada y sin boquilla, sin embargo,  estuvo como un mes sacándole sonido. “¡La locura!”, dice Polli, y añade: “Hasta que conseguí comprarme una. Allí comencé un viaje de solo ida. Cada día me siento más conectada con el instrumento, es como mi puerta a lo infinito, como una meta en la vida de la que nunca se deja de aprender”.

No se queda de brazos cruzados

Polli, a sus 30 años de edad, se dedica por completo a la música. Estudia Licenciatura en Trompeta en la UNCuyo, es instrumentista en la Orquesta Municipal de San Rafael, trabaja como profesora en el DIAT y da clases particulares de trompeta. También le gusta componer y trabaja en su proyecto musical. Sus gustos musicales se inclinan por la música balkánica, jazz, funk, blues, música latinoamericana, salsa, boleros, todo lo que tenga vientos y por supuesto la cumbia colombiana.

Ella apuesta al genio creativo de la mujer y no se queda de brazos cruzados. Encontró su pasión y por eso alienta a los demás para que no pasen un día más en la vida sin hacer lo que les apasiona. “Toca jugársela y saber que no va a ser fácil. Pasar tu vida haciendo algo que disfrutas en cada arista no tiene precio, no se puede comprar ese placer, es real, saber que antes de morir vas a pensar ‘hice con mi vida  lo que quería hacer’”.

En su camino musical se ha topado con barreras impregnadas de masculinidad, de opresión, en las que su opinión era dejada de lado. Sin embargo, ese andar también le ha demostrado algo hermoso y placentero: el goce de tocar, siempre con la humildad en alto. “Claramente las mujeres somos increíblemente hábiles en cualquier cosa, vivimos bajo la sombra del patriarcado durante mucho tiempo, pero eso terminó, tengo muchas mujeres referentes y muchas de ellas son amigas, hermanas de la vida, son inspiración. Se puede sentir lo que se viene. Me encanta ver el empoderamiento femenino, es como un sueño”.

–¿Cómo ha sido tu trabajo en la Orquesta Municipal?

–Fue un antes y un después. Una nueva puerta con tremendos desafíos, me dio una perspectiva distinta y estar tocando a la par de gente a quien admiras es muy interesante en muchos niveles y claramente motivador. El dire, Bernardo Ríos, me dio una gran oportunidad al ser parte del equipo y creo que he sabido aprovecharla, me tuvo paciencia, sabemos que cuando la trompeta pifia, todos se enteran, es un instrumento que va al frente y no se puede esconder. Ha sido todo un reto y mucha responsabilidad, así que también fue un muy buen incentivo para ir en busca de más, y bueno, hoy estudio Licenciatura en Trompeta, voy por todo.

–¿Qué cosas te cuestionas?

–Una de ellas es la importancia que se le da a la cultura local. Somos una parte importantísima en la sociedad, aunque no siempre es reconocido. Creo que como la Orquesta que representa a San Rafael, deberíamos tener un mayor sueldo. En mi opinión, se invierte muy poco en la cultura local. Siempre se juega con “el amor al arte” y sí, claro que eso es real, yo amo lo que hago, pero se trabaja duro para ser artista.

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