CINE | “Ad astra” y la figura fantasmagórica del padre

Por Mariano Dubin

James Gray ha logrado un estilo. Recordemos: We Own the Night, Two Lovers o The Inmigrant. Me interesan, en particular, algunos de sus tópicos: la imposibilidad de los vínculos filiales, la figura fantasmagórica del padre, el viaje frustrado, la confusión psicológica de sus personajes –al estilo Dostoievsky–: ellos avanzan un paso e inmediatamente descubren que se han alejado dos.

Hay algo de clásico en esa búsqueda, que frente a los balbuceos de otros directores no deja de ser una apuesta estética a aplaudir. En Ad astra, en contra de lo que podríamos pensar en relación a su ambiente estelar, recupera esos espacios íntimos antes señalados. De hecho, la película, más que ser parte del género de ciencia ficción, señala su imposibilidad. También están sus otros tópicos: la búsqueda del hijo por la ley paterna y la imposibilidad de encontrarla. Deberá inventar, entonces, algo más allá de esa ley trunca, de ese viaje trunco, de ese mundo trunco. Tal vez, como muchas cosas, Ad astra ya estaba escrito en una líneas de Borges en su “Utopía de un hombre que está cansado”:

–¿Y la grande aventura de mi tiempo, los viajes espaciales? –le dije.

–Hace ya siglos que hemos renunciado a esas traslaciones, que fueron ciertamente admirables. Nunca pudimos evadirnos de un aquí y de un ahora.

Con una sonrisa agregó:

–Además, todo viaje es espacial. Ir de un planeta a otro es como ir a la granja de enfrente. Cuando usted entró en este cuarto estaba ejecutando un viaje espacial.