LAS LETRAS DEL ROCK | “Pabellón Séptimo”

Carolina Elwart
Leandro Ubilla
José Luis Morales

 

 

Esta canción de Carlos “el Indio” Solari aparece en el disco “El Tesoro de los Inocentes” (2004) y retrata la terrible masacre de los presos de Devoto, que durante años se caratuló como el Motín de los Colchones debido al accionar de la dictadura y de los medios que apañaban todas las ilegalidades del aparato estatal.

La historia está contada en primera persona, basada en el relato de Horacio, uno de los sobrevivientes de la masacre. Este testimonio fue leído por el Indio en un libro del abogado de  Horacio y de Pablo, quienes aparecen mencionados en la canción.

Contada en primera persona, la historia es más vívida y terrible. El ahogo se siente desde los primeros versos: “Me asfixio! Dios! Pienso en mi cara.. se está quemando, ahora, mi cara… Dios! Una explosión y los colchones se prenden fuego y nos quemamos vivos… Quiero salir, quiero escapar, las puertas siguen encerrojadas”. Los penitenciarios habían cerrado las puertas y los habían dejado sin agua, no dejaban entrar a los bomberos: la intención era clara, que se murieran ahí dentro, ahogados, quemados, en la desesperación. Aleccionar para que nadie pida nada.

“Tiempo después, escucho aún el ruido loco de los paloteros/Buscan así baldosas flojas donde escondemos tesoro y miserias/Pobrecito!… pobre “el Cebolla”, no pudo más/Se degolló por miedo/Nadie es capaz (no pueden borrar mis recuerdos!)/Nadie es capaz de matarte en mi alma”. Aquí se habla de las inspecciones o requisas que les hacían a los presos quitando tesoros y miserias, cosas que en realidad no valen nada pero que ahí dentro son un mundo, un tesoro, como piezas de ajedrez hechas con jabón. El Cebolla, según el mismo Indio, existió también y retrata aquí la desesperación, la última salida de quien ve que ya no hay salida. Pero la memoria de Horacio, la memoria del Indio y de quienes conozcan esta historia no borrará a las víctimas.

“¡Y así te dan! ¡Así te quiebran!/Así te dan por culo allí… sin más/Por esa vez la Vieja Cosechera/Vino por mí y no quiso besar mi vida”. La represión siempre acalla, siempre busca el silencio, quebrar la integridad de la gente. La hermosa metáfora de la muerte que ronda, está cerca pero no se lo lleva.

La canción terminará con la descripción de Horacio quemado y herido pero a salvo en una camilla, luchando para que sus pulmones funcionen, respirando lenta y lejanamente la libertad. Si ha de morir que sea en libertad, no quiere más los ruidos carceleros, nunca más. Como tampoco olvidará a Pablo, su compañero, quien también representa simbólicamente a todos los presos del Pabellón Séptimo