LAS LETRAS DEL ROCK | “30 denarios”

Carolina Elwart
Leandro Ubilla
José Luis Morales

 

 

Existen años que pretenden anclarse en el calendario. Su volumen y su peso histórico superan la media, son espacios de gigantes temporales. Como si la densidad de sus acontecimientos fuera tal que la memoria y las leyes del tiempo no pueden digerirlos. Se apostan aparatosamente en la memoria colectiva de los pueblos para no ser olvidados. El año 1989 tuvo esas características: un hecho pudo dar cuenta de toda su pesadez: la caída del muro de Berlín y con él, el inicio del fin de la URSS, que lentamente, como un gigante de barro, caerá dos años después. Esa bisagra marca el fin del llamado mundo bipolar y de los grandes relatos que estos sostenían. Devino entonces el relativismo y el hedonismo, y la posmodernidad pudo desarrollarse entrada la década del ’90. Como consecuencia de ello, las subjetividades en este nuevo periodo se construirán por el ánimo constante de goce, por el consumo de bienes materiales y simbólicos. El consumo es el nuevo amo de nuestras vidas. El nuevo Dios. Los dogmas cayeron, hechos trizas, la religión, como el gran discurso dogmático, no fue la excepción.

Charly, con el genio que lo define, nos muestra una cara de esa realidad. Del disco que grabó junto a Pedro Aznar, llamado “Tango 4”, esta canción nos adelanta la temática con su título, “30 denarios”: el símbolo de la traición, los dineros que Judas Iscariote cobró por traicionar a Jesús.

“¿Qué quieres de mí que aún no tienes?”, es la pregunta en inglés con la que comienza la canción. ¿Qué es lo que se quiere del que habla? ¿Quién habla?

“Cuando el agua sea más clara / Todo se resolverá / Cuando llegue la mañana / Ya no podrás dormir”. Hay una anticipación en estos versos, alguien no podrá dormir al amanecer. También aparece la metáfora del agua como entendimiento: si el agua es turbia, no se ve el fondo, pero cuando llegue la claridad al agua, todo será fácil. En la mesa “Podrás confiar / Que a nadie tendrás que traicionar…”, clara referencia a la Última Cena y a la traición que allí se comete. Pero, ¿esa traición es como siempre nos la contaron?

“En la tierra que no crece / nada de nada / en el árbol que está seco / hay una flor
algo cambió / hay un fulgor”. Hay un reverdecer. En el desierto puede aparecer un oasis. Estos versos van preparando la resolución, el verdadero sentido de la canción.

“Nadie sabe que la historia fue mal contada / y que el beso de la muerte / fue por amor”. Aquí aparece claramente el sentido de la canción. El famoso beso de Judas no es el beso de la muerte, sino un beso de amor. Después, un recitado del gran Alfredo Alcón sobre escritos bíblicos, el nombre de Judas aparece claramente y la voz cantante se pregunta: “Dos mil años de silencio fueron bastante / dos mil años de martirio en la oscuridad / Es la verdad! / Es la verdad! / Qué quieren más de mí?”. Ya es tiempo de rescatar de la oscuridad y del silencio a Judas, porque Judas ha traicionado para cumplir con los designios divinos. Tal como afirma Borges en su cuento “Tres versiones de Judas”, este Apóstol no es el enemigo sino que ha venido a cumplir otros designios, un destino divino. Lo que dice Borges es más controvertido, porque afirma que Dios no bajó en Jesús para borrar el pecado original mediante su sacrificio, sino que bajó en forma de Judas para traicionar y poder cumplir con lo escrito. Charly García y Pedro Aznar han rescatado con esta canción a Judas, ya no lo ponen como enemigo sino como alguien que ha actuado por amor.

La canción termina con otro texto bíblico recitado por la portentosa voz de Alcón y dan ganas de creer en dios, en borges o en judas.

 

charlypedro