LAS LETRAS DEL ROCK | “Como un cuento”

Carolina Elwart
Leandro Ubilla
José Luis Morales

 

 

El año 2000 trajo consigo incertidumbre tecnológica, emotividad astral, profecías sobre el fin del mundo y variedad de especulaciones que no se cumplirían. Como división temporal entre un milenio y el otro, nos dio en primer lugar un quiebre que, vaya a saber por qué cuestiones metafísicas, generó angustias profundas en muchos sectores de la población mundial generando inclusive suicidios masivos; pero también nos dio continuidad. Y en la Argentina del nuevo milenio lo que continuó pegando fue el Rock. Ese que cala profundo en nuestros oídos, el que atraviesa nuestros cuerpos. Cierta vez le consultaron a Phil Anselmo, cantante del grupo de power metal Pantera, qué significaba para él el heavy metal, y el pelado muy astutamente dijo: “un golpe en el estómago”, haciendo referencia a las vibraciones que nos “debe” producir la música cuando nos llega. Bueno el golpe en el estómago en el año 2000 nos vino con la sexta placa de estudio de la aplanadora del rock, Divididos, llamada “Narigón del Siglo”.

El tema nueve de la placa nos dice “Como un cuento / veo la gente caer / en esa lluvia que lavó este mar”. El cuento es la ficción, como si fuera una historia ficticia ve la gente que cae en una lluvia. Es una imagen poética bellísima. La lluvia es agua dulce que viene a lavar el agua salada de este mar, que se refiere seguramente a un mar argentino, cercano al yo lírico.

“Como un cuento / de una historia más / de almas enamorando el final”. Esta es una historia común, una más de entre tantas en las que se cuenta la historia de almas, seres, con amor sobre el final. ¿Cuál será ese final?, ¿el final de todo?

“Nunca te vi baldear el corazón / un Chalchalero no es un Rolling Stone / debe haber un gran error / yo no lo sé / debe haber un gran error, sí”. La palabra baldear nos trae al barrio, no se lava con maquinaria, ni con mangueras industriales; no, en el barrio se lava con baldes. Y se baldea cuando se limpia a fondo. El corazón, siempre relacionado con los sentimientos. En este caso sentimientos nativos, los Chalchaleros, no los foráneos de los rock stars. Aparece la duda, y esa duda da paso a la certeza: sí, debe haber un grave error. La humildad de un chalchalero en oposición a lo que representa una legendaria y millonaria banda. Divididos es una banda que fusiona lo “sagrado” del folclore con lo satánico del rock, el bombo y la guitarra distorsionada se unen.

“De secretos y clandestinidad / doble vida de un ser o no ser / nunca es el tiempo
que va a venir / y una bala con visa en La Paz”. La vida clandestina puede hacer referencia a la época de la dictadura, pero también podemos pensar en una doble vida de cualquier persona, podemos pensar en alguien que es y no es. La dificultad de ser en este país y en el mundo también. No es el tiempo que va a venir, siempre es el pasado el que pesa, el que carcome nuestro presente y futuro y el verso final es desconcertante. Una bala que pasa por Bolivia y tiene permiso para pasar por ahí. Recuerda a la muerte del Che, que se anunció con felicidad por la CIA porque era una muerte que se consideraba lícita por los poderes hegemónicos, sobre todo por EEUU. Reconocemos el contacto directo que siempre ha tenido Divididos con el norte argentino que está en zona fronteriza con Bolivia: pueblos golpeados por la pobreza y el olvido. La música se fusiona, recitales en la puna. Quenas y baterías. Una vida clandestina, ser o no ser un rockero o ser argentino de raíces. Una nueva forma de identificación trae la aplanadora del rock and roll.  No somos ni lo uno ni lo otro sino nuevas formas de armonías desenchufadas y eléctricas.

 

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