A veces soy tan superficial que…

Por Celeste Napoleón
Ilustración: Jonás Angarita

 

(N° 25 de la serie “Como la common people”)

 

chica comiendo

Hoy no quiero hablar de mis profundidades, hoy quiero hablar de las superficialidades pues no se puede andar por la vida así de pasional e intensitx siempre.

A veces está bueno relajar y bajar los termómetros filosóficos filosos y dejarnos acariciar por una pluma, una suave pluma con glitters y perfume.

Hoy voy a empezar a enunciar cosas después de esta frase: “A VECES SOY TAN SUPERFICIAL QUE…” y no voy a sentir nada… ni culpa de serlo ni remordimientos.
Comienzo en tres, dos, uno.

A veces soy taaaan superficial que pienso que todo estaría hermosamente bien si pudiera tener una bañadera con mucho jabón y olor rico, un muchacho dulce dentro de ella, dispuesto a hacerme masajes en la espalda, en la cabeza y en los pies (sí, asquerosamente superficial).

A veces soy tan superficial que pienso que si bajara mis 10 kilos de más, todos los locos que me han rechazado caerían a mis pies en filita.

A veces soy tan superficial que ruego que no haya inflación para que baje el precio de la ropa interior y así poder tener un par de bombachas que combinen con el sostén (y voy a decir sostén y no corpiño porque hoy es el día de ser superficial).

A veces soy tan superficial que miro vidrieras aunque no tenga ni un duro, pero lo hago con tanto estilo que nada… paso desapercibida.

A veces soy, ya tú sabes, que sigo pensando que no quiero pasar de onda aunque inevitablemente eso sucede.

A veces, lo soy, y ojeo esas revistas sin sentido que explican la dieta de la luna, leo mi horóscopo y el del chico que me gusta, y me divierto si dicen que a acuario le va a ir medio mal (ese es el signo de mi padre). También busco compatibilidades. Qué boba.

A veces soy S, y entonces paso horas armando listas de música para momentos.

A veces soy tan S que lloro imaginando mi velorio y las cosas que voy a pedir que hagan en él (tomar, música, stand up), y me emociono de ser yo, o sea, estar siendo, no sé bien.

A veces soy tan S que fantaseo que a mi ex le va para el culo con su actual novia y vuelve a pedirme perdón, pero yo con mi mejor cara de turra le digo “jodete por gil, ya es tarde, estoy enamorada, la farra siempre será mi gran amor”.

A veces soy S de verdad y pienso en arreglarme más y entonces me plancho el pelo, me maquillo y me siento radiante. Dura un día porque al siguiente no quiero saber nada y ando con el maquillaje corrido.

A veces soy tan S que quisiera tener una de esas bicis chiquititas modernas que se doblan todas y se pueden llevar de viaje.

Soy S mayúscula cuando pienso que quisiera no saber nada y entonces diría fácilmente “sí” a muchas cosas y no tendría la imagen de una treintona de armas llevar.

Soy super-ese cuando creo que no me merezco ciertas cosas, es ese momento en que miro mis jeans y otra vez están rotos en la entrepierna, y ya no puedo parcharlos, o me quieren pagar poco, o me clavan el visto. Fumo un pucho y miro el humo con aires de diva, “por eso canto mi bien, es mi fumar un Edén”.

S de superficial cuando escucho audios de psicólogas esperando que mi vida se solucione, o cuando pongo meditaciones guiadas en YouTube para “elevar mi frecuencia” y dos segundos después puteo a dos manos por todo. A la mierda las good vibes, en otra vida todo será mejor.

S mayúscula cuando camino a casa y hago hoponopono para no terminar peleando con la gente.

Sí, soy superficial a veces, y puedo serlo mucho más.

Por eso papel de moscas, llave de luz, lo siento, perdoname, gracias, te amo, llovizna llovizna, como es adentro es afuera, la recalcada concha de tu madre, sin depilar…