Marta Gómez: “Escribir sobre los inmigrantes es una de mis grandes deudas”

Por María Teresa Canelones Fernández

 

9marta

 

Quien escucha a Marta Gómez, escucha un río, un ave, escucha “la agüita” de un guayoyito colombiano, escucha su amor por la vida, por los campesinos, los indígenas, los niños, las niñas y las mujeres. Quien escucha a Marta Gómez, escucha a Latinoamérica.

La alegría, el dolor y la esperanza se tejen en las historias de sus canciones, musicalmente ricas por la diversidad de ritmos folklóricos, y trascendentales por su contenido social. Poemas del español Federico García Lorca, y temas infantiles también habitan en su trabajo discográfico, reconocido con innumerables galardones nacionales e internacionales, como los Premios Billboard y los Grammy.

Marta, así como canta, habla dulcito, pausado, y el que la escucha –aunque no la vea- sabe que sonríe, que viste de colores, y que siempre creerá en la gente.

–Su música ha llegado a salas de parto, a hospitales, y hasta a Afganistán, porque un soldado le contó que había días en que escuchaban sus canciones y luego se iban a la guerra. ¿Qué significa para un artista estar en el momento más importante de una vida?

–Es hermoso recibir cartas y mail donde la gente me cuenta sobre los lugares y las circunstancias en las que escuchan mis canciones. Para mí es un privilegio estar en la vida de las personas, poder viajar a donde nunca he viajado, poder estar en sitios en los que seguramente nunca estaré.

En el caso del soldado para mí fue algo chocante porque siempre asumí que los soldados oían música agresiva para estar a la defensiva, y mi música es hecha para tranquilizar las almas, pero luego entendí que la función de los músicos en la sociedad es la de acompañar, que no tenemos más poder que el de acompañar y que ese es ya un gran poder, porque no detendré una guerra con mil, ni millones de canciones, pero sí puedo hacer que ese día sea un poquito menos hostil para un soldado, así como que el dolor de un parto sea menos.

Yo también tengo mis músicos de cabecera. Mis días se colorean cuando oigo una canción que me gusta. Hay muchos artistas que me alumbran la vida.

–“La gente que conoces siendo músico, no la conoces en una oficina”, siempre dice usted con alegría. ¿Podría compartir algunas características de esa particularidad minúscula que labora de manera independiente desde el arte, y que sin duda valdría la pena modelar en la gelidez burocrática?

–He tenido la fortuna en mi vida y en mi carrera de nunca haber conocido a personas malas, a lo mejor porque no represento dinero para nadie. Trabajo con soñadores, con personas muy humanas que laboran desde el alma, la locura creativa, y que valoran el bienestar grupal. Quienes me contratan también son gente buena, así como los organizadores de los grandes festivales en los que he participado, porque son conciertos que han nacido desde el cariño por la música folklórica. No movemos masas, ni vendemos millones, entonces es muy bonito ser consciente de que pertenezco a un grupo dentro de la industria musical que aún se mueve con el alma.

“Si el sufrimiento genera placer hay una enfermedad en la sociedad”

 

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Foto: Adrián Zapata

–Usted es una de las voces musicales más importantes de su género, y no existe barrera generacional para ser escuchada por hombres y mujeres. ¿Qué habría que hacer para equilibrar las cargas, y que esto del machismo y feminismo sea un tema superado en las próximas décadas?

–Es bastante agotador seguir hablando del machismo y feminismo. Es increíble que avance todo tan rápido y que sigamos hablando de injusticia entre géneros, así como de racismo. No puedo creer que tenga que seguir explicándole a mi hijo que una persona negra y una persona blanca son lo mismo, y que una mujer y un hombre son lo mismo, a veces me frustra tanto.

Entiendo que hemos avanzado mucho como humanidad, y que vamos por el camino correcto, y confío que las nuevas generaciones empiecen a tener cargos importantes en la justicia. Recientemente en Argentina no se juzgó a unos muchachos de una manada por violar a una niña, porque dicen que no es un crimen, sino un desfogue sexual, y eso los excusa. Necesitamos en estos cargos hombres y mujeres pensantes. Si las leyes siguen jugando en contra será muy difícil cambiar las cosas.

Ahora, ¿qué podemos hacer los que no somos, ni queremos ser jueces? simplemente educar a nuestros hijos desde el amor y desde el respeto hacia el otro, porque si nuestros hijos ven que maltratamos a los seres humanos que nos rodean, si maltratamos a las personas con quienes trabajamos y si hablamos mal de una persona por su género, color u orientación sexual, no estaremos dando el ejemplo.

Tengo un hijo que se deja el pelo largo y esto es un problema para la mayoría de los padres del colegio, porque siguen molestándolo, siguen diciéndole que parece una nena, así que si esto no cambia es imposible que nuestros hijos cambien.

Debemos educar a los niños desde el respeto y el amor por su cuerpo. Me cuesta mucho creer que estemos educando a un adolescente que encuentre el placer sexual en la violación masiva con una menor, una niña que está diciendo, ¡basta! si el sufrimiento genera placer hay una enfermedad en la sociedad, hay algo que como padres no estamos trabajando, y eso es lo que hay que trabajar, la sexualidad desde el amor, pero como no se nos habla de lo delicioso que puede ser una relación sexual, estamos criando seres humanos que encuentran el placer desde el maltrato.

–Trascendiendo el concepto de maternidad. ¿Podría hablarnos de su amor y devoción por las canciones de cuna?

–Para mí las canciones de cuna son un patrimonio de la humanidad, y me apasionan antes de ser mamá. En los últimos años la ciencia nos ha hecho creer que un hijo debe ser independiente, autónomo y que debe dormir solo, y no hay nada más triste y más lejano de la realidad.

La maternidad y la paternidad son el momento perfecto para reconectarse con lo que somos. Esos momentos eternos en la noche en el que nuestro hijo no duerme y nosotros lo abrazamos y le cantamos, no le cantamos al niño, nos cantamos a nosotros mismos para calmarnos, para encontrarnos. Las canciones de cuna son tesoros vistas también desde el humor, porque llega un momento en el que estamos tan cansados que amenazamos al niño: “si no te duermes te voy a poner ají y limón en la lengua”, “si no te duermes viene el coco”, pero son sólo ocurrencias.

“El reguetón no me llama la atención para nada”

 

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Foto: Adrián Zapata

–Su sentir no es colombiano, sino latinoamericano, de allí la riqueza musical de su obra que también abarca un importante repertorio infantil con diversos ritmos folklóricos. Sin embargo, ¿alguna vez ha considerado fusionar su música con otros géneros?

–No estoy en contra de fusionar ritmos. Compongo según lo que vaya llegando a mis oídos y a mi corazón. Tengo un alma de viejita, me encantan los ritmos folklóricos. También he compuesto hacia el pop, la balada, ritmos un poco más extraños, como el seis por ocho (6/8), que es un joropo que se toca en algunas regiones de los llanos venezolanos, así como de ritmos peruanos, y de sones y boleros inspirados en la música cubana. Pero el reguetón no me llama la atención para nada.

–Siempre le han gustado las historias. ¿Cuáles fueron esas lecturas de su infancia que de alguna manera influyeron a cultivar su sensibilidad y compromiso con el otro?

–¡Me encanta leer! De niña, mi autor de cabecera era el escritor colombiano Jairo Aníbal Niño, porque tiene una poesía de una simpleza maravillosa. Siendo adolescente leía a Cortázar, Benedetti, Neruda, García Márquez, José Saramago, y en los últimos años he estado muy dedicada a la poesía de Wisława Szymborska, poeta polaca. También me encanta leer a las escritoras chilenas Isabel Allende y Marcela Serrano, así como a la colombiana Laura Restrepo. La novela, la poesía y los cuentos, es lo que más disfruto leer. Siempre estoy leyendo y releyendo, descubriendo cosas.

Mar adentro, surgió de un sueño clarísimo, lo soñé, lo escribí, y así fue

 

 

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Foto: Nicolás Serrano

 

–El sentido social prevalece en sus canciones, y narran la vida de un niño minero, hasta la de una mujer que recoge café. ¿Cuál sería esa historia de la condición humana que le falta por cantar, y que pudiera hacerlo en los próximos años?

–Hay mil historias que me faltan por componer. Pero, escribir sobre los inmigrantes es una de mis grandes deudas, así como escribir sobre las madres solteras, y sobre las mujeres que de tantas formas de violencia son víctimas. Faltaría escribir mucho para nosotras.

–Siempre cuenta con gusto su época de cuando cantaba en la calle. Cantar donde sea es una de sus premisas. ¿Alguna vez ha soñado (mientras duerme) que canta y el sueño le ha resultado tan grato para ser compartido?

–Los sueños son claves en mi vida. Tengo la dicha o la desdicha de ser consciente en los sueños, no decido con qué soñar, pero sí modificar el sueño que es algo muy chistoso, lo cual no me gusta porque lo ideal sería dejarse llevar. En ellos pasan cosas muy divertidas, porque decido a quien besar o con quien pelear, lo que es bastante gratificante porque soy una persona muy pacífica, digo a todo que sí, y me voy cargando en mi interior de cosas negativas, entonces los aprovecho para drenar, así que resultan graciosos porque son cosas que nunca me permitiría hacer despierta.

He soñado con canciones, con ritmos e incluso con frases completas. Hay una canción que se llama Mar adentro, que surgió de un sueño clarísimo, lo soñé, lo escribí, y así fue.

“La música tiene el poder de conectarnos con lo que somos”

 

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Foto: Karlos Kontreras

–Una vez le dijeron al finalizar uno de sus conciertos en la calle que no le habían entendido ni una sola palabra, pero que le creían todo lo que decía. Háblenos de su percepción de la música como un lenguaje universal.

–Sí, eso es algo de lo más bello que me han dicho en la vida. Fue un hombre al terminar un concierto en Estados Unidos. Hay algo que pasa con la música y la gente, muchas veces uno ve a una persona, y está segura de que esa persona es buena, y no sabemos pero algo en su mirada nos dice eso. Creo que hay mil lenguajes que no son verbales y eso también está en la música, la música tiene ese poder, el poder de conectarnos con lo que somos, con nuestros miedos, con la alegría. Me ha pasado mil veces al escuchar canciones que no tengo idea de lo que dicen, pero que me  hacen llorar porque hay algo ahí que me emociona, y eso es lo maravilloso de la música.

–¿Qué significa en su historia afectiva la canción “Almita mía”?

–Compuse Almita mía” en un momento de tristeza, de incertidumbre y la primera palabra que se me vino a la cabeza fue mañita porque mi abuelo siempre decía: “ande con mañita”, poco a poco, despacio, con calma, entonces en ese momento de tristeza lo recordé y me dije a mí misma: “ande con mañita almita mía”, hablándole a mi alma y a mi corazón.

También “aporrear” es una palabra muy colombiana que significa “hacerse daño”, no se aporreé, no se haga daño, no se lastime, entonces jugué con esas dos palabras para componer almita, y es una canción que a mí me gusta porque me la compuse a mí, porque a veces olvidamos que uno también necesita sus canciones.

“De esta pandemia algunos saldremos más humanos, y otros ya están haciendo fila para entrar a ZARA”

 

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Foto: Adrián Zapata

–Su voz es asociada a los pájaros, arrullos, a la libertad y produce esperanza, es como un mantra. Dicen que, “Marta Gómez, es biodiversidad, es cultura, es naturaleza”. ¿En la intimidad con su ser, cómo mima su don?

Desde niña me ha impresionado lo que produzco en el otro. A los siete años cantaba en el colegio y había madres que se ponían a llorar. Aún me impresiona cuando alguien viene a mí llorando y me abraza, es algo fuerte, bonito y lo tomo con mucha responsabilidad, por lo que cuido mi tesoro, mi voz al extremo, nunca he fumado, tomo un helado al año, tomo mucho té, agua y jengibre. Le hablo mucho a mi voz, le agradezco, le doy su espacio cuando quiere estar en silencio, respeto mucho a mi garganta porque es un instrumento. Como cuido mi guitarra, cuido mis cuerdas vocales.

–Usted cree en la humanidad. ¿Qué le diría hoy a esa humanidad que sueña como usted que las cosas siempre pueden ser mejor?

–Creo en la gente, creo en que somos más los buenos, lo que pasa es que los malos son muy poderosos y nos controlan de todas las maneras. Creo que de esta pandemia algunos saldremos más humanos, y otros ya están haciendo fila para entrar a ZARA. Hay millones que no aprenden, hay cientos que aprendemos intentando criar mejores seres humanos, siendo nosotros buenos seres humanos. A la gente que me sigue le diría que tenemos esa fuerza porque estamos conscientes de lo que representan nuestras acciones en el mundo.

 

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Foto: Nicolás Serrano