LAS LETRAS DEL ROCK | “La Leyenda del Hada y el Mago”

Carolina Elwart
Leandro Ubilla
José Luis Morales

 

 

El universo musical del heavy metal internacional estalla en la década del 80 en una diversidad de subgéneros, producto de la experimentación creativa de la nueva ola del heavy metal británico y el movimiento trashero de la costa oeste estadounidense, entre otros. Explosión que habilitó el nacimiento de bandas insignias del heavy y el trash a nivel mundial, como Iron Maiden, Judas Priest, Metallica y Megadeth.

Argentina a principios de los 80 era un hervidero musical que posibilitó la transformación de los estilos rockeros. V8 fue la banda que representó esa transformación: personajes como Iorio, Beto Zamarbide y Osvaldo Civile marcaban el pulso de lo nuevo que venía, voces estridentes y guitarras brutales y veloces. Entre ellos y esos hilos históricos que tejían nuevos estilos musicales pululaba también Walter Giardino que, habiendo tenido una participación en V8, se encontraba presto y deseoso de construir una agrupación representativa del heavy clásico. En 1985 ese objetivo se cumplió y en el 89, cuando Adrián Barillari se sumó a Rata Blanca, la guitarra virtuosa y la voz potente y melódica se aliaron para forjar una identidad propia que marcará la memoria musical de gran parte de la sociedad argentina y latinoamericana, muy puntualmente desde “Magos, Espadas y Rosas”.

Una canción legendaria, una canción que nos cuenta una leyenda, algo que es digno de ser contado. Cumple con todas las partes de una narración. En el inicio se nos presentan los personajes: “Cuenta la historia de un mago / Que un día en su bosque encantado lloró / Porque a pesar de su magia / No había podido encontrar el amor”. El espacio es claro, el cuento maravilloso nos trae sus elementos, un bosque encantado, magia y  seres animados: “La luna, su única amiga / Le daba fuerzas para soportar / Todo el dolor que sentía / Por culpa de su tan larga soledad”. Nos ubica en una atemporalidad de las leyendas y en un espacio legendario. El Mago no había podido encontrar el amor, su única compañera era la Luna, acompañante eterna de románticos, de noctámbulos y trasnochados. Hasta que un día vio “la más dulce mirada / Que en toda su vida jamás conoció”. “Desde ese mismo momento” se amaron “siempre y en todo lugar”. Pero ahora aparece en la canción algo terrible: “el mal que siempre existió”, no aparece personificado, no es un brujo, no es un demonio, es simplemente el mal que siempre existió, como Sauron, en el Señor de los Anillos, o el Odio eterno en la saga de los Confines de Liliana Bodoc. “Y con su odio atacó, hasta que el hada cayó / En ese sueño fatal de no sentir”. La metáfora de la caída, el sueño fatal de no sentir, ¿será la muerte, el desamor o un sueño profundo como el cuento de la bella durmiente?  Un excelente solo de guitarra separa la narración y nos prepara para el desenlace. Desconsolado, El Mago busca recuperar a su amada, es su única obsesión. Y aquí el final se nos presenta abierto, pero esperanzador. El Mago seguirá buscando recuperarla porque ya sabe lo que es el amor, lo ha conocido y eso le dará la fuerza suficiente y aún la esperanza de saber que algún día podrán reencontrarse, quizás más allá de muerte.

 

ratablanca