Una fiesta de disfraces a la que no fui invitada

Por Celeste Napoleón
Ilustración: Pamela Hübbe

 

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(N° 33 de la serie “Como la common people”)

 

Frágiles las certezas, frágiles las palabras, frágiles los vínculos.
He vivido una década en una fiesta de disfraces a la que no fui invitada.
He bebido los vinitos de la necesidad de ser necesitada, para perderme en el abismo de ser la copa descartable. La copa que se triza.
Descreo.
Desentraño.
Me sorprendo.
No niego.
Me desengaño.
No soy juez ni corte.
No soy quién para leer dónde empieza y termina la maldad.
No soy los ojos del otro.
No soy sus percepciones.
No soy ni seré pura ni sublime.
No soy la arcilla moldeable.
Escapo por la puerta del silencio o la ventana que encandila con el sol al norte.
Yo sé bien dónde armar campamento y dónde desarmar todo para moverme.
No torcerás las agujas.
No volverás el tiempo.
No borrarás lo que has escrito en mi memoria.
No me tendrás.
Simplemente seremos nada.
Dedícate a tapar la ausencia de mí, como taparías la ausencia de un perro con otro perro, de un gato con otro gato, ya verás…
Sabrás que solo soy una estrella pequeña faltante en ese cielo, pero qué estrella. Cuando te pierdas no lograrás encontrar el Sur, y tendrás que esperar al amanecer para saber dónde está el Este. La noche te será larga y nadie tan verdaderx sabrá decirte lo que siente o piensa sin pestañear.
La hipocresía será tu lenguaje cotidiano.
No soy yo quien te maldice.
Es tu otro yo camuflado.