¿Quién mató a Ramona?

Por Bautista Franco

 

ramona
       Ramona Medina reclamó por la falta de agua en la Villa 31 el pasado            3 de mayo. Falleció este domingo 17 tras contraer Covid-19

 

La Villa 31 es una villa miseria. Días sin agua y un aumento voraz de contagios fueron motivo de manifestaciones y decenas de artículos de la prensa independiente. El resto no sabía que viviera gente cerca de la estación de Retiro.

Desde la estación de tren se puede ver la “entrada” a la Villa: una calle nueva, asfaltada, con murales en las paredes que fueron parte de un proyecto para modificar simbólicamente el estado de la villa y colaborar con el acervo cultural de los vecinos… Atrás de ese proyecto harto festejado por los progresistas está la idea de que la gente es pobre porque no tiene el capital cultural para dejar de serlo. La villa entonces siguió siendo villa y la pobreza creció de igual manera.

Treinta metros más allá por la avenida está otra entrada a la villa, con más tráfico de gente, la venta de anteojos y chipá en la entrada, el piso de barro, el olor fuerte de múltiples tareas y cocinas. Adentro la Villa 31 es grande,  enorme. Ahí, a metros de edificios tan caros y grandes como la deuda externa, la gente vive en habitaciones de 3 por 2 metros. En muchos lugares no hay agua o hay a veces. Tampoco hay cloacas.

Se hicieron campañas reclamando al Gobierno comida y elementos de limpieza. Pocos medios las levantaron, hicieron un acto en la entrada. Nada. Ramona se organizaba porque no le dejaron opción. Ahora las villas están atestadas de enfermos y de muertos, el Gobierno no sabe qué hacer y se pasan las responsabilidades cual pelotita de pin pong. No pueden ver que viene de antes de la muerte de Ramona, antes de que la crisis golpee una vez más las habitaciones empotradas una arriba de la otra como castillo de naipes. Solo ven que lo  naipes cayeron sobre Ramona y ahora no quieren que el resto caiga sobre ellos.