El soldado, el bombero, el médico y el superhéroe

Por Mariano Dubin

 

el gaucho batman inc

 

La comprensión lectora es un dispositivo de los organismos internacionales para justificar la pobreza de los países periféricos, su natural condición de atraso y la evidencia de unas culturas locales muy lejos de la Modernidad y muy cerca de la barbarie y del primate.

¿Pero qué es comprender? Porque lo sabemos: no hay un sentido inmanente en los objetos. No hay, digamos, un sentido en los textos que uno “recolecta” porque estaba ahí como un “dato”. Los sentidos se construyen en relaciones sociales, en condiciones materiales que son históricas, y en modos creativos, muy particulares. La trampa de la comprensión lectora es decirnos que ese “sentido” que pide una consigna (la materialización de una perspectiva teórica) es el “modo natural” de la inteligencia.

Hay, además, otra trampa. Nunca se “explicita” qué se pide. Y si no comprendés es porque no lograste el nivel de inteligencia suficiente para resolver la consigna (porque desde esta concepción, la inteligencia es algo que además se puede medir, cuantificar, y eso a su vez en un desplazamiento de sentidos definiría el “éxito social” de una vez y para siempre; alguien que “no comprende” va a ser siempre pobre).

Todas estas concepciones además se han ido sedimentando con las distintas reformas educativas de América Latina, en los documentos de los organismos internacionales, en modos del imperialismo cultural y hasta en cierto sentido común de “no comprende la consigna, no sabe nada”.

Son muchos temas que nombramos con la categoría comprensión lectora y es imposible que detalle todos. Solo quisiera señalar uno: el modo en que la comprensión lectora supone que “hay una consigna que se debe resolver de UN modo”. Doy un ejemplo. Mi hija Amanda tiene que resolver la siguiente consigna: TACHE el personaje que esté de más. Y aparece un bombero, un superhéroe, un soldado y un médico. Entre los objetivos por su edad, además, esta comprensión lectora (como parte de la política educativa de las últimas décadas) está permeada por ciertas supuestas concepciones científicas sobre modos de entender lo real. Unas más realistas, “miméticas”, que son las que alcanzan las formas más civilizatorias, más secularizadas y más racionales. Y otras que son “más atrasadas” (innecesario decir que ahí aparecen los indios con la leyenda de la yerba mate). Entonces en esta consigna se espera que el alumno tache al superhéroe porque “no existe”. Pero ese patrón de interpretación no es necesariamente el que oriente la interpretación de un niño. De hecho, le pregunté a Amanda: “¿Qué personaje tacharías?”, y me dijo, sin dudar: “El soldado”. ¡Pero el soldado es real!, uno pensaría. Pero no era una respuesta en el aire. Tenía su razonamiento. Me explicó: “Los bomberos, los médicos y los superhéroes salvan vidas. Los soldados (a veces) matan”.