LAS LETRAS DEL ROCK | “Té para tres”

Carolina Elwart
Leandro Ubilla
José Luis Morales

 

 

El espacio cultural y social argentino se ha visto envuelto desde su nacimiento en dicotomías que diferencian bandas y seguidores de un lado y del otro. En el caso del rock, la división la representarán: estilo, formato, estética y las transgresiones líricas o musicales, aunque no podemos olvidar el origen de la banda y la independencia comercial.

La construcción de un otro ha sido necesaria para la conformación de una identidad propia, para un nosotros singular. El rock en sus inicios se contrapuso a la norma, representada por el mundo adulto, el sistema capitalista de consumo material y la guerra. Luego, ya entrada la década de los ochenta y en los noventa, se preocupó por diferenciarse de otros estilos musicales como la cumbia, para luego, en un acto endogámico, dividirse hacia dentro.

En ese ejercicio psicológico binario, tomando la expresión de Mariestella Svampa, encontramos una de las mayores oposiciones de la historia del rock: los Redondos o Soda. Falsa encrucijada musical que afirma a uno para extinguir al otro, algo característico quizás en los argentinos en otros ámbitos, pero no en el rock.

Al tiempo que se configuraba esta dicotomía, Soda Stereo se formó en capital federal a principios de los 80 y para 1990 ya contaba con tres placas señeras del rock latino. Compone su cuarto disco, llamado “Canción Animal”, con cortes ya clásicos e hiperconocidos como “De música ligera”, “Hombre al agua” o “Entre caníbales”.

En esa placa aparece “Té para tres”, con un ritmo de vals que nos sumerge en una atmósfera  tranquila en la que respiramos tristeza. Las canciones llegan a nuestros oídos y el oyente imagina e interpreta: ¿son las interpretaciones correctas? Dice Eco que el límite de la interpretación está en el texto.

La canción llena de metáforas abiertas ha sido interpretada como una vida expuesta en un triángulo amoroso. La letra comienza con “Las tazas sobre el mantel”: la mesa está puesta para tres personas. ¿Quiénes son? Luego “la lluvia derramada”: se ha interpretado en una connotación sexual de la eyaculación. Eso es lo fantástico de letras construidas poéticamente, aunque Cerati  mismo no se consideró un poeta sino un tipo que escribía canciones por la sonoridad de la música.

“El eclipse no fue parcial”: algo tapa una realidad, ¿cuál?, no lo sabemos, hay alguien que ensombrece totalmente. “Y cegó nuestras miradas”: no se podía ver, hay alguien en la mesa que actúa como el sol y él. “Te vi que llorabas/ por él”: el astro no solo ensombrece, sino que  provoca dolor. “Un sorbo de distracción/ buscando descifrarnos”: los sujetos de la relación están en tensión ¿sexual?, ¿de dolor?, intentan entender lo que sucede. Y la última estrofa cierra con una idea metafórica que cobra sentido con la interpretación oficial que aportó su madre: “No hay nada mejor/ que casa”, que se reconfirma con su testimonio en el programa “Bios” de National Geographic.

La canción la escribió Cerati la misma noche que se enteró de la enfermedad de su padre, que acabaría con su vida dos años más tarde. Estaban los tres juntos tomando el té cuando abrieron el sobre con los análisis que daban como resultado la confirmación de esa enfermedad mortal. Cuenta la madre que no podía respirar y Gustavo se quedó despierto toda la noche y escribió esta canción.

“Un poco de miel no basta”: era mucha amargura para calmar con un poco de miel. No era llanto, era lluvia derramada, lluvia que arrasa y no puede parar. “El eclipse no fue parcial”: la obscuridad de la noticia es fatal, tremenda, no hay forma de atenuar, y ella que lloraba por él ante la evidencia de lo inexorable. La escena parece indicar silencio absoluto. “Un sorbo de distracción” para descifrarse, ver y pensar qué sentían los demás… el té para mitigar tanto dolor. Y la conclusión tranquilizadora de que no hay nada mejor que casa.

En una versión actualizada de esta hermosa canción, Cerati ya no usa el ritmo de vals sino que arpegia con efecto wah wah y un solo homenaje a Spinetta mediante la melodía de “Cementerio Club”. Con “el Flaco” tuvo oportunidad de tocar en “Spinetta y las Bandas Eternas” y Gustavo pudo cumplir uno de sus sueños.