Ernesto Ale, presidente de la Cruz Roja San Rafael: “Todas las personas valen por su dignidad”

Por Mayrin Moreno Macías

 

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La escena es gris. Hay unas personas con unas cucharas de un metro y medio y un único alimento en el centro, separado de ellas por un precipicio. Cada vez que intentan comer por sí mismas, no pueden. La única manera es que uno le dé al otro y los demás colaboren.

Ernesto Ale, presidente de la Filial de la Cruz Roja San Rafael, coloca este ejemplo para explicar que hoy la crisis de convivencia es el núcleo central de las otras crisis que vendrán. “Ojo, esto no nació hoy, es un proceso que actualmente se desencadena. Es como cuando se incuba una enfermedad y luego se manifiesta. La crisis interna que viven las familias por el hecho de guardar cuarentena está provocando problemas mucho más graves que los económicos: de vida, de destrucción, de vejación, de irrespeto a la dignidad. Y de acá saldrá gente muy mal. Es un momento para recuperar la religión familiar, el altar doméstico, o para que se transforme en un infierno. Esto no tiene términos medios: o recuperamos todo lo mejor que nos puede dar la convivencia o sacamos lo peor. En muchos casos, por las situaciones de crisis, se está sacando lo peor y esto hará mucho daño“.

Para Ernesto, las medidas que ha tomado el Gobierno son oportunas, “pero de alguna manera hay que salir a solucionar el tema de medios de vida, porque no vivimos en el paraíso. En el paraíso no hay problemas económicos porque los recursos son abundantes. Entonces creo que los efectos serán dolorosos. En lo económico, si analizamos, está complicado, pero en la microeconomía, en las familias, pequeñas empresas, el efecto es devastador”.

 

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Una institución señera

La Cruz Roja Internacional nació hace 157 años. En Argentina tiene 140 y en San Rafael, 60. El pasado 8 de mayo celebró su día, en conmemoración del nacimiento de su fundador, el suizo Henry Dunant. Sus dos principios determinantes son la humanidad y el voluntariado. Ernesto explica que después de que todo pasa, que una inundación o un fuego te quema la casa o que te enfermas, lo último que le queda al hombre es su humanidad y dignidad. Y ese es el signo característico de todos los voluntarios de la Cruz Roja en el mundo. Ellos son la sangre que riega el organismo. “Este carácter de dar desinteresadamente en defensa y ayuda de los demás no se paga con ningún dinero, no tiene valor monetario”.

Sostiene que a la hora de ayudar, todos los voluntarios de la Cruz Roja en el mundo están dispuestos a hacerlo con respeto. No es la mera ayuda, lo hacen porque el otro es una persona con tanta dignidad como ellos, pero que está en una situación más complicada. Como ejemplo, menciona que la Cruz Roja Española donó una planta potabilizadora de agua para la comunidad Wichi, en Salta, que está padeciendo una situación sanitaria terrible, por un lado, y el abandono y la no aceptación, por otro.

–Recientemente a uno de los compañeros de la Cruz Roja le colocaron un cartel en su edificio…

En una sociedad que ha ido deteriorando su dignidad y calidad de vida, le ponen un cartel a una persona que está trabajando para salvar vidas. “No volvás más”, le escribieron. Después investigamos y fue una expresión de unos cuantos. En el barrio donde crecí éramos felices, con los amigos aprendimos a jugar, a pelear, a querer a nuestros vecinos. Hoy se están mirando a ver quién denuncia al vecino, es una psicosis. Repudiamos profundamente ese tipo de conducta. Todas las personas valen por su dignidad. Después yo puedo estar más o menos de acuerdo con alguien. Pero no puedo no reconocer su dignidad humana, su persona. Si todos fuéramos iguales, no necesitaríamos del otro.

–Estas expresiones de intolerancia, miedo, discriminación, no vienen precisamente  de sectores marginados, sino de gente que al menos lo económico lo tiene resuelto…

Esto viene de sectores burgueses. Yo soy un profundo crítico de la burguesía, y la burguesía es un espíritu, no una situación económica. Puedo vivir en la Isla y actuar como un burgués, puedo tener mucha guita y no actuar como un burgués. Es el espíritu del individualismo, del egoísmo, que es todo lo contrario a lo que nosotros hacemos.

 

 

El trabajo en San Rafael

Durante esta cuarentena, la Cruz Roja Filial San Rafael participó de dos campañas: “Compras solidarias”, por iniciativa del Municipio; y una colecta de alimentos junto a otras instituciones y medios televisivos. Para Ernesto fue una satisfacción muy grande que el Estado, empresarios y la sociedad hayan depositado su confianza en la institución. “En una situación como esta, quien da quiere tener la confianza de que lo que se da llegue a quien tenga que llegar”, dice.

Ernesto asoma con orgullo que esta es una de las filiales más importantes del país, con unos 50 voluntarios. “Se trabaja con seriedad. Tenemos una fuerte inserción comunitaria y buenas relaciones con el Estado municipal y provincial, por nuestro rol de auxiliares públicos. Con la DGE hace más de tres años que les prestamos nuestro instituto para que funcionen dos CENS y una supervisión, gratuitamente; y además en nuestra sede (Godoy Cruz 270) brindamos cuatro carreras que tienen que ver con la salud. En los últimos diez años nuestra inversión ha sido en infraestructura para atender a los futuros profesionales. Ahora hay 700 estudiantes”, dice.

Asimismo, desarrollan cursos para la comunidad y un programa dirigido a los migrantes, a través del cual ofrecen llamadas internacionales para contactos familiares sin costo, jornadas integrales de salud, contención psicológica y capacitaciones varias.

 

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Años de compromiso y vocación

Ernesto Ale nació en el año 60 en Pueblo Soto, Mendoza, un lugar de familias muy humildes. Fue a la escuela primaria, a la secundaria, cursó Ciencias Políticas en la Universidad Nacional de Cuyo y cree en el misterio. “Crecí en un país donde no existía ninguna conciencia de clase social, éramos pobres y dignos. Hoy no es una cuestión de pobreza, es un problema de marginalidad cultural muy serio. Estamos creando una sociedad donde te matan o te violan porque se me ocurre, porque está ese instinto desordenado, maleducado, maltratado desde que naciste, acá tenemos dos o tres generaciones que vienen muy complicadas”, dice.

–¿Cómo llegó a ser parte de esta Institución?

–Hay un hecho fundamental, yo tengo un hijo que cumplió 26 años de edad en abril. Él nació prematuro. Para ese entonces vivíamos en Mendoza y ya teníamos dos nenas. A Miguel lo agarró un estafilococo que le mató células neuronales y demás, y quedó con una lesión cerebral gravísima. Hoy está sentado en una silla de ruedas, es el ángel de la casa, y eso fue un cachetazo, eso me provocó una profunda conmoción. En esas circunstancias volvimos a San Rafael y eso me cambió la visión de todas las cosas, qué es lo importante y qué no, y a partir de allí he venido desarrollando actividades que tienen que ver con la ayuda comunitaria.

Ernesto recuerda que en la crisis del año 2001 montaron las ferias de ayuda mutua de alimentos, a través de una moneda social que se llamó Ecovale, una moneda social controlada. Hicieron un acuerdo con el Ministerio de Economía de la Provincia para que fuera aceptada por los comercios. “Vos ibas a cenar a un restaurante y en una cena de 500 pesos, por ejemplo, el 20% lo recibían en Ecovale y el resto en dinero. Después el comerciante iba a la feria y compraba productos”. Durante dos años hicieron eso, hasta que la moneda mala enfermó a la buena. Tuvieron una invasión de Créditos, una moneda que se hizo en Buenos Aires, y empezaron a mezclarse, hasta que suspendieron el proyecto. Después conoció a Juan Demianzuk, un hombre que llegó de EEUU con una inclinación religiosa muy marcada y que buscaba hacer inversiones. Un día le dijo: “Ale, vamos a tener que ir a la Cruz Roja”. Ernesto no sabía qué era la Cruz Roja. “Vinimos y las cosas no estaban bien. A causa de nuestra presencia, hubo una intervención de la Cruz Roja nacional, en el año 2003 se regularizó y se llamó a elecciones. Acá vinieron Eduardo Parodi, Alejandro Echevarría y otros más”, cuenta.

De todo ese grupo, Mirtha Quindo invita a Emilio Tapia, un gran trabajador social, a Enza García, a Blanca Bernardós y también a Ernesto. Allí ingresó. Ya en 2009 empezó a tomar más responsabilidades y en la segunda comisión directiva pasó a ser el tesorero. En ese momento advertía que tenían métodos de recaudación muy peligrosos. Su primer acto fue bancarizar la recaudación, por una cuestión de transparencia. Luego fue presidente por descarte, en 2015 fue reelecto, y por un llamado que le hiciera el actual Presidente de la Cruz Roja Argentina, Diego Tipping, en abril de ese mismo año, pasó a integrar el órgano nacional y el año pasado renovó mandato.

Ernesto confía en el equipo que lo acompaña y que viene asumiendo un rol más protagónico, entre ellos, el vicepresidente Facundo Echeverría.  “Cuando llevás un símbolo y que significa algo muy profundo no te puedes equivocar en la gente que te acompaña”.

 

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Generar una cultura del trabajo

Desde la institución esperan poner en funcionamiento, con ayuda económica del exterior, un trabajo orientado a atender la emergencia sanitaria y alimentaria. “Será un puntapié inicial”, dice. Ernesto plantea que las políticas que deberán desarrollarse de acá en adelante tienen que ver con volver a generar una cultura del trabajo. No será solo ayudar, sino decir “te doy, pero tenés que ponerte a trabajar”.

“Cuando vos tenés trabajo, podés estar más o menos conforme, pero te ordena. Tenés que levantarte, bañarte, cambiarte y aceptar reglas de convivencia aunque no te gusten. Cuando no tenés trabajo, no existe nada de eso, dormís hasta la hora que podés, te bañás cuando querés, hacés lo que querés, comés a la hora que querés… Necesitamos ordenar a esta sociedad y el trabajo es una herramienta. Hay que transformar esa ayuda en medios de vida, volver a la pequeña huerta familiar, a los trabajos familiares. Necesitamos trabajar”.