LAS LETRAS DEL ROCK | “Creo”

Carolina Elwart
Leandro Ubilla
José Luis Morales

Dice el sociólogo Pablo Semán que el rock representativo de la década de los noventa es un rock distinto, vinculado con el barrio, con una identidad espacial y con la gente común de ese entorno, que lo dota de una marca de origen. Callejeros seguramente es la identificación del rock barrial o chabón; sin embargo, supo cautivar con sus letras un tanto transparentes, arrojadas a los oídos de sus fans, a muchos sectores de la sociedad argentina. Su ascenso fue vertiginoso desde el 97, cuando adoptaron su nombre. Fueron teloneros de Viejas Locas, La Renga y Divididos en los años 99 y 2000, hasta su primer álbum de estudio, “Sed”, en 2001. Luego vinieron “Presión” y “Rocanroles sin destino”, su verdadero salto cualitativo.

Callejeros es una banda que expectora, que grita en la cara y que también suspira, que se animó a transgredir no solo con sus letras machacantes, sino también en el estilo, incorporando inclusive covers de tango en sus discos.

Seguramente uno de los himnos grabados en la memoria social es “Creo”, el cuarto corte de su cuarto disco, “Señales”, de 2006. En él se transgrede el sentido mismo del creer, se escapa de la metafísica religiosa, se humaniza, porque creer en una canción, en las palabras, en el amor del otro, de la otra, en su voz, en la educación, en la amistad, es creer en el ser terrenal, en nosotros, en la mujer, en el hombre cotidiano, en el barrio. Fontanet, con su voz estridente, también nos dice creer en el sol, el mar, pero solo si accionan sobre su realidad material y concreta, solo si curan sus heridas o lo abrazan. Creer es volver la mirada hacia nosotros y encontrar quizás la salvación en lo colectivo, en comunidad, en la sociedad en el otro y la otra cotidianos.

Los escritores ponen en versos lo que piensan acerca de la vida y del arte. Al expresarse sobre el arte, producen lo que tiene el nombre de ars poética. La canción “Creo” de Callejeros es una de la confesiones acerca del arte musical.

“Creo que con una canción/ La tristeza es mas hermosa”. ¿Cómo puede ser la tristeza hermosa? Lo puede ser, la tristeza es la compañía de quien piensa y reflexiona, porque la felicidad también es anestesia.

“Creo que con una palabra/ Puedo decir mil cosas”. Las palabras guardan las mil formas de decir, las palabras se han arrastrado a lo largo de la historia para que el poeta las use con el barro viejo o las lave para que signifiquen algo nuevo.

“Pero no creo en el circo/ De la información”. Las letras de Callejeros van a ser una denuncia permanente a quienes usan los medios de comunicación para manipular y mentir.

En una reversión del Credo, la letra expresa las nuevas formas del creer, las relaciones con la naturaleza. “Creo en la lluvia cuando cambia/ El olor de mi tierra/ Creo en el mar cuando amanece”.

Abrazándose a las piedras, como un poeta romántico, se reconoce en los elementos esenciales de la naturaleza, la sencillez de la lluvia y el amanecer de todos los días. En otros pasajes de la letra deja claro que también se aleja de otra formas de creer. “Creo en la vida, en la noche/ En tu alma y no creo/ En todo lo demás”. Aquí claramente deja afuera la metafísica para establecer una relación con la persona amada . “Creo en tu estrella/ En aquella que busco/ En mi sueño mejor”.

Para poder luchar, el amor no es solo sentimiento, también es lucha para transformar y vivir la vida.

El paraíso perdido de la infancia es un lugar para creer. “Creo en esas tarde que viví/ Jugando a la pelota”. En este fragmento podemos encontrar además la identificación con el barrio, algo que en las letras de Callejeros estará como impronta. Y así como el amor también es lucha, el yo lírico expresa “Creo que educar es combatir”, recordando pedagogías tan importantes como la de Paulo Freire. Educar no debe darse en una relación verticalista sino de libertad, de combatir para que el mundo de la letra de “Imposible” esté más cerca. Porque las nuevas generaciones, a pesar de todo lo que se les diga, no se callarán en busca de un nuevo destino. “Y el silencio no es mi idioma”.