La Vieja Terminal

En 2012, un grupo de  hacedores culturales y vecinos, comenzaron a realizar actividades  para rescatar el legado de la vieja terminal sanrafaelina, que acababa de ser puesta fuera de funcionamiento por la inauguración de la “terminal nueva”. En pos de que ese espacio no quedara en el olvido, para que no se pierda el acervo que significó durante décadas su existencia, desde Hacemos Cultura impulsaron un proyecto para que la antigua terminal de ómnibus se convirtiese en un centro cultural que diera lugar a la multiplicidad de fenómenos culturales que ocupan el territorio jarillero. A partir de esa propuesta comenzaron a aparecer los recuerdos de personas que en la terminal vieja vieron correr pasajes de sus vidas y descubrieron que no solo era un espacio de ladrillo y cal, sino un símbolo de las idas y vueltas de la vida. Publicaron entonces los relatos. Ahora que es un estacionamiento herrumbroso y abandonado, estos textos cobran vida enredados en el viejo arco.

Fotos cortesía de Emanuel Sánchez Varretti (09-01-2012)

La Vieja Terminal
Por Teresa Oliveri

El ómnibus aún no estaba, llegábamos con anticipación cosa que con el tiempo se transformó en hábito. Mis hijos trasladaban el bolso, la mochila y los sentimientos encontrados; por un lado la pena de dejar la casa, por el otro la alegría de comenzar una apasionante y nueva vida viviendo solos. Cuando íbamos llegando a la Terminal, el padre les decía: “las llaves, los documentos, la plata”, si las tres respuestas eran positivas bajábamos, si no, había tiempo para volver y buscar lo que faltaba. Más de una vez necesitamos de ese tiempo. Las circunstancias especiales de esta familia transformaron a la “Vieja Terminal” en el primer paso y también en el último de las carreras de nuestros hijos; agitamos un pañuelo para despedirlos aquella primera vez y ellos miraron para otro lado avergonzados, fingiendo que el saludo no era para ellos, pero miraron a su alrededor cuando además del bolso tirante de tan lleno, trajeron el tubo en el que llegaba el título. Habían crecido; los bancos desportillados y el perro durmiente fueron testigos de su madurez. Ya no tenían que fingir preguntándose si era el monóxido de carbono el causante de sus lágrimas. “La Vieja Terminal” no sólo fue testigo de las despedidas y reencuentros con nuestros cuatro hijos, sino de la llegada y del regreso de mi madre oriunda de Buenos Aires que infaltablemente necesitaba ayuda para bajar los bártulos entre los que traía desde una bicicleta para los chicos, hasta un esquinero para la casa. Era fea e incómoda, la “Vieja Terminal”, pero como sucede siempre, la belleza no tiene que ver con el cariño y ella será siempre el nexo entre el pasado y el presente y también la espectadora ruidosa del desarrollo de mis hijos.

La Terminal Vieja hoy (12-05-20)