LAS LETRAS DEL ROCK | “Teléfonos / White trash”

Carolina Elwart
Leando Ubilla
José Luis Morales

 

 

Solo una foto fue necesaria para cambiar el destino musical argentino: la foto que Timy Mckearn le envió en 1980 a su amigo Luca en Londres. Esa imagen de las sierras cordobesas bastó para seducir a Prodan, el hijo del mundo, del punk, del rock y del reggae para venir a la Argentina, escapando de una muerte segura. Germán Daffuncchio y el bocha Sokol serán la excusa perfecta para armar Sumo en 1981, al que luego se agregaron Diego Arnedo, Roberto Pettinato y Ricardo Mollo. Banda que marcó un nuevo rumbo, no solo por letras descaradas y desafiantes, sino por la puesta en escena del personaje de Luca, que no dejó de transgredir toda norma social de la época, en una escena nacional que, habilitada por el retorno democrático, se encontraba lista para digerir los cuatro discos que Prodan & Cía nos regalarían: canciones icónicas como “Viejos vinagres”, “La rubia tarada”, “Mejor no hablar de ciertas cosas”,  han quedado sedimentadas en la memoria musical argentina.

“White trash” es un término que se usa para hablar despectivamente de gente que no encaja, “basura blanca”, esa gente que a centímetros de la negra, pero aún así para la sociedad es basura. Basura por su nivel cultural, sus vicios, su pobreza.  En la letra hay un yo lírico claro. Comienza con “Cae la noche en un pueblo insecto/ Estoy sentado pegado al tubo encendido”: es un personaje solitario reflexionando sobre la mirada que se ofrece a la gente como él. Toda la letra es una gran reflexión sobre los prejuicios que hay sobre esa gente que no aspira al “sueño americano”, la basura blanca. El sujeto se interroga retóricamente, no habrá respuesta a “¿somos hormigas trabajadoras o/ somos hormigas con alas? / diciendo “Dios estoy drogado” o “Cristo llego tarde. Desde ese lugar, sentado en ese pueblo insecto, analiza históricamente. El conocimiento de Luca se ve en las letras: “pero es triste, muy triste/ la gente vieja nunca la pasó tan mal”. El peso de la historia cae sobre el sujeto, nadie en el pasado se ha sentido así de triste, ni con el diluvio ni el arca de Noé fue todo tan triste. Ni en Babilonia, uno de los imperios más importantes del mundo antiguo, fue todo tan triste, siempre ha existido el opresor, pero hoy todo es más triste porque se es consciente de ello. 

“Escucho a mis hermanos negros todos los días/ decir como fueron humillados en tantas maneras/ bueno, ¿y qué hay de nosotros, Rasta?/ algunos de nosotros hemos sido tratados de la misma manera”: aquí aparece la consciencia del sujeto de ser basura blanca, ser un excéntrico en un mundo de centros y cuadrados. Luca no encajaba en el sistema del mundo y también se sentía basura blanca, y ser consciente de ello siempre es más triste. 

“Pueblo de Argentina/ comen su carne todos los días/ y se visten tan fino, ¿Qué hay de sus hermanos en África?/ languideciendo, muriendo de hambre”. En cada lugar que ha vivido el cosmopolita de Luca Prodan la inconformidad y la crítica llegará. Acá comemos carne todos los días y sin embargo al otro lado del océano la gente se muere de hambre. El sujeto no puede dejar de pensar, no puede dejar de analizar este mundo en que somos hormigas y algunas tienen alas pero no dejan de ser hormigas.