Manual para registrarse en la nueva normalidad

Por Rúkleman Soto

 

youth

 

¿Qué me sucede la mayoría de las veces, cuando intento acceder en Internet a libros digitales, películas y otros servicios gratuitos que diversos dominios ceden filantrópicamente para que podamos sobrellevar la cuarentena global? Algo así:

En un primer momento hago breves averiguaciones y consultas. Casi siempre me responden: “es facilito, solo tienes que llenar unos requisitos, no hay caída”.

El segundo momento es cuando entrompo con el entusiasmo y la seguridad que dan semejantes recomendaciones: “ponte en modo autómata y dale aceptar, aceptar, aceptar”.

Despojado ya de cualquier vestigio crítico y dispuesto a la vergonzosa sumisión de aceptarlo todo, llega un tercer momento:

  • Ingrese su clave.

─Bueno, no es por criticar, es sólo una pregunta: ¿Cuál clave?

Como todo dominio, su lenguaje es directivo:

  • Si no tiene clave, regístrese.
  • Para registrarse necesita llenar el formulario.
  • Para llenar el formulario debe ir al ícono en el navegador.
  • Para bajar el ícono al navegador debe descargar la app.
  • Para descargar la app debe ejecutar el programa.

En este punto ya he renunciado al libro digital que buscaba, cifro mis esperanzas en el cine de autor y el diálogo virtual que acorta las distancias con los más entrañables amores.

  • Para ejecutar el programa debe conectar el Zoom.
  • Para  conectar debe ingresar la tarjeta de crédito.

Esto, suponiendo que tenga TDC. No quieren mi dinero ─advierten─ solo mi insignificante identidad. Recuerda, Rúkleman Soto, la consigna a estas alturas de tu venerable edad frente al mundo virtual es: “aceptar, aceptar, aceptar”. Voy comprendiendo lo que mi pobre madre llamaba resignación.

  • Si intentó ingresar la tarjeta de crédito y fue pateado vilmente, vaya al cuadro de diálogo.
  • Si el cuadro de diálogo no aparece haga clic aquí.
  • Si no ve el cuadro de diálogo usted es un imbécil: ¿Acaso no sabe que somos uno de los líderes en el Cuadrante Mágico de Gartner 2019? Vaya al “Posasistente”.
  • Ya sabemos que no logrará encontrar el posasistente ¿Cómo quiere que le regalemos 40 minutos de videoconferencias si no le pone empeño?
  • Dele “Reiniciar” y accese al “Help center”, ahí, arriba, a la derecha.
  • Abra los treinta tutoriales y apréndaselos, son muy amigables, así podrá “accesar”.

Descubro que el verbo “acceder” es un remoto arcaísmo predigital, pero me niego a accesar aunque me cueste el acceso. Además soy hombre de pocos amigos. “Déjalo ir”, resuena la penosa voz de la resignación y renuncio a la opción de videoconferencia como lo haría Andrés Eloy: “No era posible / Fueron vapores de la fantasía / son ficciones que a veces dan a lo inaccesible /una proximidad de lejanía”. La poesía sirve para todo.

─Gracias, respondo cortésmente.

Me concentro en las páginas de cine. Que todo sea por ver otra vez la Giovinezza, de Paolo Sorrentino. Necesito lo que Rimbaud llamaba el “venidero vigor”, insuflado por la hermosura británica de Rachel Weisz. Logro superar los obstáculos supra descritos, todo un reto. Ahora sí. Me froto las manos.

  • Ya no prestamos servicio en su país.

¡Nooooo! Se lo atribuyo al bloqueo, olvidaba que somos una amenaza inusual y extraordinaria. Un susurro demoníaco busca sonsacarme: “Intente ingresar por Colombia, Brasil o Ecuador, países mucho más mejores que el suyo”. Y Bolsonaro finge demencia frente a las montañas de fallecidos. Para Duque peste y exterminio parecen sinónimos, da lo mismo se murió que lo mataron. Lenin Moreno se declara políticamente mocho, es decir impedido, para ejercer sus funciones como presidente frente a la pandemia. O sea que hizo como el mismísimo José Ramón Chacón Vélez (Chacumbele), que también quedó chueco y él mismito se mato. En conclusión, intentan convertirme en migrante virtual.

Renuncio a aceptar. No acepto un carajo. Tengo esa película (Youth, Así se llama la versión de la Giovinezza, pirateada en DVD) la tengo ahí mismito en Caracas, a escasos 30 kilómetros de estas montañas ¡Está decidido y punto!

Pero estoy sin gasolina y sin salvoconducto… Resignación… Solo espero que la piratería sea inmune cuando volvamos a “la nueva normalidad”.