“El futuro llegó hace rato…”

Por María del C. Coria Aveiro

 

Hace casi 10 años mi tesis para culminar la carrera en Crítica de Arte iba con el título “El devenir del arte y las nuevas tecnologías”; y lejos de pensarme futurista, ya en aquellos días se “rumiaba” sobre esta posibilidad de estar en casa detrás de un dispositivo técnico, como podía ser una computadora, y navegar a 360 grados interiores de museos, galerías y otras instituciones del arte.

Las devoluciones de mis tutores de tesis y jurado no vienen a cuento, pero sí qué pasaba y pasa –hoy más que nunca– con las apreciaciones artísticas, de semiosis social, de contexto, de posibilidades de acercamiento y demás, en una actualidad que nos ha puesto de cara a un sinnúmero de inquietudes sobre la vida. El arte y la cultura incluidos.

 

 

Pienso, y bien en primera persona, que esta realidad nos lleva a repreguntar un sinfín de cosas, y con ello, creo que corrernos de la crítica constante, esa que no es constructiva, que adolece de proyecto y que no aporta, es carente. Discutir y poner en el tapete todo lo que se está deconstruyendo para nuevas construcciones es el puente necesario que sopesa una realidad cultural fluctuante, con dimes y diretes, con duelos por momentos, y también con alternativas.

Cuando Arthur Danto escribe “El fin del arte”, no habla del fin de los artistas, las pinturas o las esculturas, él habla de un nuevo presente, parado después de la historia del arte en una “post-historia” o “post-arte” que tendrá otros modos de manifestarse, propagarse o circular. La legitimidad de los artistas y sus obras tendrán otros relatos, y después de algunos tironeos se afianzará esa nueva estructura legitimadora.

Echar luz a la característica más sobresaliente que tiene el arte contemporáneo es una alternativa; hoy todo –en materia de arte– es posible. Y con ello la tecnología y sus aplicaciones.

No estamos lejos de la “techne” originada por los griegos si lo vemos desde un conjunto de saberes con relación a un arte u oficio, y ahí está lo que nos interesa. Pues acercarnos a las propuestas que hoy nos circundan –y hasta invaden, por suerte– necesita de ciertos saberes, más allá de la buena predisposición. Entonces, detenernos, llamar a la saludable paciencia y tener como premisa que lo que experimentaremos dista del tradicional acercamiento a una obra es lo primordial. Entregarnos a ese mundo, intangible pero real, que no tiene fetiches pero es observable.

Lo multifacético de nosotros como espectadores y lo multidisciplinario de las propuestas deberán de entrar al juego de este futuro que se ha presentado.

Semiológicamente hablando carece ese “aquí y ahora” de lo presencial. Todo lo que encantaba de ver las obras en vivo y en directo parece que por un tiempo queda guardado en el placard, pero no por ello dejaremos de observar, de otro modo, con otras características, con otros “algoritmos”. Justamente A. Danto, en una entrevista, ironiza sobre la gracia de haber visto terminar todo, de haber pasado por el fin y haber entrado en esta post historia.

“Nadie ve lo que nos rodea del mismo modo”, dijo Gauguin. Por ende, nuestras experiencias son no solo intransferibles sino también individuales, pero no por ello aisladas –más allá del aislamiento–. Lo colectivo y la abundancia de propuestas y ofrecimientos han mostrado versatilidad, no queda más que dejarse interpelar.

 

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