“Ya en casa…”: carta de la investigadora sanrafaelina repatriada desde España

Alejandra Guerci

 

AleGuerci

 

Ya en casa. Hace un mes –en España– nos enteramos de que nuestro retorno al país iba a ser una tarea difícil. Un mes que ha parecido una vida entera, ante todo por la sensibilidad y afecto en cantidades que nos atravesaron en este tiempo.

No descubro nada si digo que el momento histórico será recordado como un episodio único y especial. En mí, cada vez que lo recuerde tendré a flor de piel la solidaridad y contención, la humanidad a pleno que se nos brindó en todo momento.

A pesar de estar en España, uno de los epicentros mundiales de la pandemia, los cientos de personas con quienes nos escribíamos y hablábamos a diario en los momentos en que nuestra situación se complicaba, permitieron que mantuviéramos las esperanzas en pie: el cariño de los seres queridos, la preocupación de aquellos que ni conocíamos, y el nudo que el cuerpo consular argentino intentaba desovillar.

El descanso llegó cuando luego de días y noches de enorme ansiedad, pusimos pie en ese avión que desde Zurich nos trajo a Ezeiza. Y desde ahí ya fue todo Argentina, todo casa. Un protocolo sanitario, también aduanero y migrante, y un ómnibus que atravesó la noche y el día de Buenos Aires a la montaña, hacia una esperada cuarentena en mi país. Esos días en Mendoza fueron momentos para cerrar la odisea, para descansar de la intensidad, para evocar lo vivido y reflexionar acerca de una experiencia que, bien o mal, será inolvidable.

Hoy es todo agradecimiento. A quienes tienen responsabilidades institucionales y políticas, a quienes se comprometieron y sensibilizaron con nuestro regreso, a aquellos que eran desconocidos y hoy los sentimos como familia. También, debemos destacarlo, al Gobierno argentino, que pese a miles de dificultades ha privilegiado cuidarnos. Y a ustedes, mi gente querida, mis amigos y amigas que no me dieron respiro en la angustia y así fue imposible caer en la desesperanza. A ustedes que no me regalaron ni un minuto para la soledad, gracias. Para siempre.