“No podemos permitir que los hombres sigan maltratando y matando a las mujeres”

Por Mayrin Moreno Macías

 

gracielabianchi2

 

“Un nuevo femicidio sacude al país. #Camila. Hallaron sus restos”, fue la primera publicación de la página de Facebook “Madres de Pie Mendoza” este 15 de abril. Se trata de la joven de 26 años y madre de dos niños Camila Tarocco, desaparecida el 4 de abril en Moreno.

Graciela Bianchi, titular de la asociación Madres de Pie Mendoza, cuenta que informan desde la página para concientizar a la sociedad, “para que busquen ayuda, antes de que suceda lo que le pasó a mi hija”.

Según el Registro Nacional de Femicidios del Observatorio “Mujeres, Disidencias, Derechos” de las Mujeres de Matria Latinoamericana (Mumala), durante estos primeros 106 días de 2020 han ocurrido 83 femicidios, 22 en contexto de aislamiento obligatorio; y 14 muertes violentas de mujeres en proceso de investigación, además de 61 intentos de femicidio.

Para Graciela, son muchos más. “En provincias como Catamarca, La Rioja, Neuquén, Chubut, Río Negro, La Pampa y otras pasan como homicidios, accidentes o suicidios”, dice.

 

 

El trabajo de “Madres de Pie Mendoza”

Desde que tuvo que enfrentar la muerte de su hija, Florencia Peralta, funcionaria policial asesinada el 13 de septiembre de 2016 por su expareja Damián Ortega, nunca más se quedó de brazos cruzados mirando o escuchando cómo lastiman a las mujeres. “Aunque todavía no se pueda decir ‘voy a la oficina de Madres de Pie’, porque no tenemos un lugar físico, hace poco logramos tener la personería jurídica y eso nos permitirá acompañar a las víctimas en los juicios. También vamos tejiendo redes y haciendo enlaces en muchos lugares de la provincia”.

Madres de Pie inició sus labores en febrero de 2018. Incluso antes –dice Graciela–, cuando se juntaban en las marchas para pedir justicia por Florencia. Participan en el grupo madres y familiares de víctimas de femicidio, así como mujeres que han sufrido violencia y que después del  acompañamiento se quedaron trabajando para ayudar a otras.

Dan charlas y conversatorios en escuelas, secundarios, terciarios, y además han colocado 19 bancos rojos, “símbolo en contra de los femicidios” en el mundo. “Mucha gente no tiene idea de qué se trata, cada banco rojo representa una mujer que muere. No queremos que ninguna ciudad se llene de bancos rojos. Colocamos uno por departamento para concientizar. Si tuviéramos que poner un banco rojo por cada mujer en Mendoza, llevaríamos unos 70 aproximadamente. Lo digo por un relevamiento que hicimos desde 2010 hasta la fecha. Son muchas las mujeres que no están. Y la gente se olvida. Los únicos que las recordamos somos las familias”, dice.

Esta Asociación cuenta con una médica clínica, una psicóloga, una pediatra y una obstetra. Como no tienen un abogado, Graciela se capacita en la Oficina de la Dirección de la Mujer, Género y Diversidad de la Suprema Corte de Justicia para brindar asistencia primaria y luego derivar a las víctimas a este organismo, porque en las fiscalías se demoran entre dos, cinco y hasta ocho meses para hacer una prohibición de acercamiento. Incluso si hay una situación extrema, ella se comunica al 911.

“En un principio hacemos la recepción de ayuda a través de la página y de nuestros teléfonos particulares. Nunca más apagamos los teléfonos después de la muerte de Florcita. Así estemos durmiendo, si nos llaman, vamos a atender. Eso nos marcó”.

Cuando reciben la llamada, lo primero que hacen es calmarlas e informarles que no será un proceso fácil. Y si tienen hijos, son dos instancias: en el Juzgado de Familia y el proceso penal por violencia. “Ellas creen que van, hacen la denuncia, los detienen, les hacen el juicio rápido y van a la cárcel, y eso no es así. También el proceso es muy revictimizante para la mujer, que no lo es para el varón. Hay veces que se quejan de que tienen que visitar varias veces a la psicóloga, después a la psiquiatra y al hombre no lo citan ni una vez. Les contesto que son los procesos de la Justicia”, dice.

–¿Tiene un panorama de las situaciones de violencia en San Rafael?

–En San Rafael hay muchas, lo que pasa que la gente es reacia a hablar, a contar, es común escuchar la frase “no te metás porque después ellos se arreglan y uno queda mal”, porque eso seguro les va a traer un inconveniente con el vecino, con la amiga. Y te doy un ejemplo: en el caso de Flor, muchas compañeras sabían la situación de violencia que ella estaba viviendo y nunca dijeron nada. Nos vinimos a enterar en el juicio.

En General Alvear es un poco más grave que San Rafael, y en Malargüe mucho más. Tenemos situaciones de chicas que viven en el campo y que son violadas o golpeadas hasta por los mismos hermanos.

En Bowen ha habido situaciones de violencia en las que toman decisiones tardías. En la visita a General Alvear, en 2018, con motivo de la colocación del “banco rojo” tuvimos la oportunidad de tomar contacto con los hijos de Roxana Ferreyra, quienes comentaron que habían dejado libre al femicida de su mamá (Ramón Castro Porcel) y a ella nunca la citaron ni le dijeron que el hombre estaba en la calle. Tenemos otra situación de una chica que vive allí. Ha hecho unas ocho denuncias para que le hicieran prohibición de acercamiento al hombre. Las veces que ha ido no le toman la denuncia porque no ha sido lastimada. ¡Imaginate, la Fiscalía y la Policía tienen que activar todos los medios necesarios para detenerlo! El hombre se paraba en la noche en medio de la calle y ella con sus tres niños en la casa viviendo en una finca solos.

–¿El Estado ha asumido medidas notorias en la prevención y lucha contra el femicidio?

–No hay políticas públicas que realmente se preocupen por la vida de las mujeres. En mi caso, desde la muerte de Flor, ha habido una inacción del Estado. Fijate que hasta diciembre del año pasado el Gobierno nacional asignó un presupuesto de 11 pesos por mujer, eso no alcanza  ni siquiera para sacar una fotocopia. Si hablamos de la Ley Micaela, en la que los tres poderes deben capacitarse, te puedo decir que desde febrero del año pasado se hacen las capacitaciones y seguimos sin ver resultados positivos. Si hablamos de la ley 26.485, que fue promulgada en el año 2010, de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, todavía los juzgados no la están aplicando. Se aplica el Código Procesal  Penal pero no esta ley. Con un Estado ausente, no podemos permitir que los hombres sigan maltratando y matando a las mujeres.

–Hace años se hablaba del círculo de la violencia. ¿Qué sucede hoy?

–El círculo de violencia permanece porque las mujeres creemos que lo podemos arreglar. El hombre pide perdón, dice que no lo hará más, que estaba nervioso. Sé de mujeres que están destruidas psicológica y económicamente por sus maridos, y todavía dicen: “Pero yo lo amo”. Entonces, qué les decimos si todavía guardan sentimientos. Yo soy lo más franca posible para que despierten, y si tienen hijos, les digo: “Viví por vos y por tus hijos”.

Con la voz entrecortada, Graciela dice que lo peor que podría volver a pasar es que alguna de las chicas la llame de madrugada y escuchar: “me acuchilló” o “mataron a uno de mis hijos porque se metió a defenderme”. “No sé cómo hacerles entender que ellas son como mis hijas ahora. Si las lastiman, es como si mataran de nuevo a Flor. Es la forma de hacerles caer en la realidad que están metidas en un círculo de violencia del que deben salir”.

 

gracielabianchi1