¿Las golondrinas volarán a casa?

Por Mayrin Moreno Macías

 

golondrinas

 

¡Oh! ¡Pobres golondrinas que se van a buscar como los emigrantes,
a las tierras extrañas, la migaja del pan!…
Alfonsina Storni

 

Las golondrinas están cansadas. Quieren volar a casa y no pueden. A Jujuy, a Salta, a Tucumán. Vienen llegando del Norte, del Sur o del Valle de Uco y se van agrupando en la Terminal de Ómnibus de Mendoza. Tienen frío y extrañan un plato caliente. Lo poco que aprovisionaron se les esfumó comprando sanguchitos, un pasaje, agua o café. Ellas están acostumbradas a resistir, a aguantar. Salieron de sus jaulas para encontrarse con un barbijo y con las vías cerradas. Algunas lograron partir, pero todavía faltan.

Hace horas, desde la Secretaría de Servicios Públicos de Mendoza aseguraron que el Ministerio de Transporte de la Nación demoraba las autorizaciones y no permitía que salieran los colectivos con trabajadores varados, y desde la cartera nacional respondieron que hacía falta el aval de las provincias de destino, el que finalmente se habría conseguido. Por ello, es posible que los trabajadores viajen en las próximas horas.

“La situación es preocupante”, dijo Paula Bustos, integrante de la CCC. “Comprendemos que se trata de un momento extraordinario. Se garantizó la cosecha y ahora no hay respuesta. Las organizaciones podemos resolver con una taza de leche o un plato de comida, pero también está en nuestras manos hacer la presión que sea necesaria para que el Gobierno provincial y los gobiernos de las otras provincias, que son los que tienen las posibilidades de resolver el retorno de estos trabajadores a sus lugares de origen, den asistencia y se hagan cargo”.

Paula cuenta que el sábado pasado por la mañana se corrió como pólvora la situación de los obreros golondrinas varados en la Terminal. Las organizaciones que conforman la Red de Derechos Humanos de la provincia denunciaron los hechos a la espera de que se otorgaran las debidas autorizaciones oficiales para que pudieran partir a casa. Ella y seis compañeras más, en horas de la tarde, procuraron una olla de comida. “Ya tenían entre tres y cuatro días comiendo sanguchitos, por lo caro que es comer en una terminal. Además nos sentimos muy movilizados porque había mujeres y niños durmiendo en el piso y pasando frío. Estamos atravesados por la clase, trabajadores precarizados a quienes había que apoyar. Con esta experiencia no nos paralizamos. Solo tomamos las precauciones necesarias para tenderles una mano. El sábado pudieron salir tres colectivos y quedaron más personas en refugio. También supimos de otros contingentes en San Martín… van a seguir llegando”.