LA PESTE – Capítulo 1

Por Marcos Martínez
Ilustración: Martín Rusca

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Capítulo 1

Los vencedores, los héroes de la patria que habían combatido en Paraguay, los que habían entregado cuerpo y vida por la nación, vuelven  a su patria con el virus de la fiebre en la sangre. La peste no discrimina entre vencedores y vencidos, preña de muerte a todos por igual.

Pronto Buenos Aires comenzaría a ser también un cementerio, aunque nadie quisiera asumirlo.

A los dueños de la tropa, los oficiales, el pecho se les hincha de felicidad de volver de matar para volver a matar, aunque no sepan ni por qué ni para quién. Hubiera sido apropiado que los verdugos fuesen recibidos con un desfile, pero ese tipo de festejos estaban reservados para los oficiales, no para la soldadesca y ese tipo de gentuza. Los vencedores procuraron su propio souvenir de la guerra: trescientas paraguayas.

Ríos de sangre salen de los mataderos y saladeros, una sangre espesa y casi negra mezclada con bilis ya podrida, los desechos de las casas, basura, mierda, orín, el agua pesada de la fragua y la curtiembre, las vísceras de los animales sacrificados dentro y fuera del matadero, los cuerpos de los opositores silenciados, con piedras en los bolsillos… todo va a parar al Río de la Plata. Los mosquitos se alimentan de esta agua rojiza, marrón, verdusca, crecen y se multiplican, inocentes de que en sus entrañas el virus también crece.

El calor y la humedad de enero anuncian la cercanía del Carnaval. La gente prepara las máscaras para el festejo, para adueñarse por algunos días de las calles y de la alegría, aunque después haya que volver a estibar al puerto, a la servidumbre, a las fábricas y la curtiembre, al trabajo a destajo en los mataderos.

Tres países endeudados y sicarios de su hermano, las espaldas destrozadas de negros e inmigrantes, un desfile de soldados vivos, un desfile de soldados muertos, una ciudad erigida sobre mugre y desperdicios, eso es la civilización que sueña el presidente Sarmiento, es el progreso que comienza a tocar el preludio de una marcha fúnebre, un réquiem de silencio para Buenos Aires.