La matanza de Los Yacansan

Texto y fotos: Bautista Franco

 

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Cuando en las plazas suena el bombo de Los Yacansan, explotan los hormigueros, los vecinos salen y se quejan, las bocinas suenan y festejan, se acercan los linyeras a ver qué pasa y los niños se escapan de sus padres y madres y se quedan duros, expectantes.

La murga es una herencia, una posta que es tomada generación tras generación, parte del acervo de una cultura suburbana, un encuentro permanente de amores y patadas al aire.

Decenas de expresiones carnavalescas guardan información del inicio de un nuevo ciclo, del fin de las cosechas bienaventuradas y del verano próspero, del deseo de un buen año, de una buena vida, dicen.

“Suena la matanza que está rebuena, es de los Yacansan, vale la pena”

A Momo lo queman por burlista, y se burlan de él. En el fuego arden los dolores y las penas, se van como plegarias los buenos deseos, los recuerdos y las promesas. El objetivo es deshacerse de la carne, liberarse de todos los males del mundo en una patada.

La murga está en las plazas de los barrios populares, en los baldíos o en los parques; es una expresión de la cultura barrial, con sus bailes excéntricos y sus ritmos marcados al pulso del bombo con platillo. Hay miles de murgueros y murgueras dispersos a lo largo y ancho de la Tierra, ocultos de la cultura hegemónica. Nunca serán tapa de la revista de espectáculos y no les interesa, la murga no es careta y se guarda lo mejor para sí misma, para brillar en los corsos y carnavales hasta que duelan las piernas y se rompa el bombo.

“Es mi bombito mi arma de revolución”

Cuando no se ensaya, se habla, se construye desde el arte, desde la palabra. El murguero siempre quiere ser mejor persona. Se debate fuerte y claro, a mano alzada, para zanjar las diferencias y llegar a ser murga en todos los frentes, sin caretas, aunque haya máscaras en Carnaval; sin murmullos, porque el murguero grita para sacar la peste de adentro, porque lucha para que no se le metan los aparatos y crece como una flor que se ve más bella en Carnaval.

Cuando Los Yacansan salen a escena, rompen todas las cadenas, la matanza mata la careta y los dolores, y hace bailar con la fuerza que solo puede tener el grito desesperado de la libertad, del encuentro, de la amistad más pura. Allí, por un momento, la patada de “La Negra” puede cambiar el mundo.