“Aguas negras” en San Rafael

Por María d. C. Coria Aveiro
Lic. en Crítica de Arte

Fotos: Belén Alcaya

 

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Los cambios numéricos a veces no condicen con las continuidades. Son solo eso, números, que nos llevan a balances y estadísticas pero no trasladan ni dejan en evidencia las subjetividades de la vida. No evidencian la pasión y el trabajo sostenido. Por suerte existen los números –y el calendario gregoriano– y también las consideraciones a la labor generada y los espacios ganados.

El ECA Sur “Enrique Sobisch”, en el Kilómetro Cero de nuestra ciudad, sigue con sus puertas abiertas, como debía de suceder, y con ello propuestas expositivas acordes al recorrido alcanzado en estos años.

El viernes 14 de febrero quedó inaugurada la muestra “Aguas negras”, del artista plástico Eduardo Piccione. Rosarino y lleno de cuestionamientos. Pertenece a la generación de los 80 y eso ya dice un montón. Resistencia, dictadura, cultura –dentro de ese contexto– y democracia. Todo. Tremendo combo. Para nada soslayable.

Eduardo pertenece al Grupo Litoral, por lo que las causas, temas y complejidades de su región se ven expresadas en sus obras, contemporáneas y abstractas pero representativas de modo claro y simple a la vista del otro.

Los temas ambientales y geopolíticos están latentes. Como bien dice Beatriz Vignoli, “su obra implica una revisión crítica del pasado estético. Va de la mano con opciones existenciales, que involucran el haberse radicado (…) en una zona agreste y próxima a la costa del río Paraná. Desde allí lee la ciudad que lo crio, Rosario, y luego San Lorenzo, a través de una poética donde la materialidad de lo encontrado se entrama con los espectros de la memoria”.

La muestra consta de 10 cuadros y 4 instalaciones que no llegan a lo escultórico del arte, pero propio de esta contemporaneidad están ahí, ubicadas en el centro de la muestra para la observación de cada uno de los detalles y elementos orgánicos y vegetales de su suelo. Propio del povera (arte pobre), elementos simples, básicos, que no tienen goce estético pero sí un relato subyacente que necesita ser hablado y rehablado.

Sus cuadros entran en diálogo con temas vigentes no solo por el Litoral, sino también por nuestra actualidad. Diacrónicos y competentes. Con una paleta en la gama de los elementos retóricos que elige, pasteles y claros, con rupturas y cortes marcados de tonos más elevados y formas sinuosas, orgánicas, se encuentran de manera directa con líneas más severas y rectas. Curtiembres, ganado, siembra, ríos, deforestación, alambrados, llanos, vacíos, ausencias, fósiles y todo lo que deja la bajada del agua después de una inundación. Todo eso confluye en un devenir de caos, de un paisaje nostálgico a un paisaje actual y real.

Con todo lo antes dicho y entendiendo que su obra es itinerante, nos encontramos con sus cuadros que “estaría genial sean mucho más grandes” por todo lo que hay para apreciar, por esa mirada especial que Piccione hace, pero por la comodidad de traslado y buscando, posiblemente, que lleguen a distintos puntos y lugares, sus tamaños nos invitan a romper los bordes y seguir imaginando esos impenetrables paisajes.

El ECA Sur está con sus puertas abiertas y con esta exposición se da inicio al ciclo 2020 (números dijimos al inicio), pero con continuidad en propuestas e inquietudes. Continuidad para un espacio que es de todos y donde no queda más que apropiarse.