Los pupilos de Lito se lucieron en el Poli 2

Texto y fotos: Mayrin Moreno Macías

 

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“¡Vamos, Joel!, ¡muñeco al suelo!”, gritaron desde el público. La gente de la Isla del Río Diamante se encontraba en las gradas y en el ring side del Polideportivo N° 2. Estaban allí para alentar a sus muchachos: Marcelo Puebla, Víctor Díaz y Joel Arena. Los tres son pupilos de Lito Negri y Mauricio Mercado, y dignos representantes de la Isla.

Marcelo, más conocido como “Tagua”, no la tuvo fácil. En el último de los combates amateur se enfrentó a Marco García, una promesa del boxeo, campeón nacional de los 70 Kg e integrante de la selección argentina. Aunque el desenlace fue favorable para el malargüino, “Tagua” resistió con firmeza sobre el ring. Lito y todos los que estaban abajo mantuvieron los ánimos arriba. “Vamos, Tagüita, sacá los brazos”.

El presentador de las peleas, Mauricio Moscardo, dio cinco minutos de descanso. Fue un tiempo provechoso para homenajear y reconocer la labor de Luis Sorroche en el box sanrafaelino. “No me lo esperaba”, dijo Sorroche, y alzó el trofeo.

Llegó el turno de Víctor Díaz. Fue su debut como profesional. A este muchacho no hay que quitarle la mirada de encima. Es una ráfaga. Siempre adelante. No retrocedió en ningún instante. Sabe moverse, es sigiloso, respira. Jabs y uppercuts iban y venían. Su rival, Gonzalo Ruybal, de Villa Mercedes, cayó dos veces, pero pudo finalizar la pelea. Las tarjetas de los jueces favorecieron al local, que con la mano alzada celebró la victoria. Por allí se le vio hacer una señal al cielo.

Y llegó la pelea estelar. Todos de pie recibieron al campeón Joel Arena. “El Forastero”, con la humildad que lo caracteriza, antes de subir al ring saludó a sus hijos y a la familia. Así, bendecido por esa luz, su confianza se agigantó sobre el escenario. Su rival, el pampeano Emilio Aibar, parecía de piedra, pero Joel no se doblegó y supo domar a la fiera. Al grito “muñeco al suelo”, el pampeano sonrió, pero eso no evitó que tocara la lona un par de veces. El público reventó en alegría.

Las tarjetas confirmaron lo que ocurrió arriba del ring. El campeón sigue siendo el campeón.

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