El Coronavirus tiene nombre de cerveza

Por Carolina Elwart

 

Hay los que tienen miedo y los que no lo tienen, pero los más numerosos
son los que todavía no han tenido tiempo de tenerlo
La peste, Camus

 

“Información importante: el Coronavirus está llegando, hay que tomar agua para evitar contagiarse”, dice un mensaje que me llega por Whatsapp. Mi mente me lleva a la etapa final del Doom: un pasillo, el ruido del bicho te acecha; jugar con auriculares era casi la realidad virtual de los 90. Un juego en primera persona en el que tenías que matar demonios de un experimento fallido en un laboratorio. Yo era un marine con un arma por pasillos estrechos en calidad baja, con un sonido desesperante que anunciaba el final. Pocas veces lo terminé. El ruido es uno de los mejores recuerdos de miedo que tengo de ser otra en la PC…

 

 

El mensaje en negrita sigue: “Tomá agua, se contagian los niños más que los grandes”. El flash es con una película, de zombies: el virus ha llegado y un padre intenta defender a su hija nacida en pleno fin del mundo. De virus y zombies tenemos una lista interminable de películas. ¿Nos hemos preparado para eso? Qué difícil va a ser conseguir armas, como en el Left 4 Dead. Estos yanquis se imaginan todo en su primera enmienda, y sus deportes. ¿Alguien tiene un bate de beisbol o una katana? Yo creo que lo más parecido a un arma que hay en casa es el palo de amasar.

Qué ridículo que el agua nos salve del Coronavirus, mientras nuestras plantas sufren por la falta de lluvia. Leí un artículo: crear agua de la nada es casi imposible, la combinación de las moléculas de oxígeno e hidrógeno son altamente explosivas. Quizás creas agua, o quizás te sale una explosión que nos vuele en pedacitos. Nos hemos preparado para el apocalipsis como una autoprofecía cumplida. Sabemos que vamos hacia allá. Si no fue la gripe porcina, será el Coronavirus; si la culpa no la tiene el chancho, la tendrá el murciélago. Nosotres humanes, nunca.

Me acuerdo del libro de Bazterrica. ¡Qué trauma! Una novela corta que te deja sin ganas de comer. No tengo hambre, tengo sed. El virus en algún lado debe sonreír. Los síntomas son “fiebre, tos y dolor de cabeza”. Es más fácil tener el Coronavirus que salirse de un grupo de Whatsapp. “Guasap” dice la RAE y yo prefiero que me coma el demonio del Doom.

El mensaje cierra con la apelación a viralizarlo. ¡Ja! “¡Por favor, comparte si te interesa la vida humana!”. Y todo el existencialismo se apodera de mí como el cosmos de “Los Caballeros del Zodíaco”. Centrados en nuestro ombligo, solo deseamos y preservamos la vida humana, como si no dependiéramos de todo lo que nos rodea. Las ratas han invadido la ciudad, la plaga ha llegado pero el virus no es animal, la peste no nos mata, nos matará la pura y ególatra existencia.

El Coronavirus tiene nombre de cerveza mexicana y mis billetes arrollados de San Martín solo me alcanzan para una botella con un lagarto en la etiqueta en el bar de las chicas.