AMBIENTE | Una ley tan clara como el agua que protege

Por Fernando Berdugo

 

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Luego de días y noches de incansable lucha, un 20 de junio de 2007 el pueblo de Mendoza le ganaba la pulseada a los intereses económicos y políticos representados por las empresas mineras y el gobierno de turno. Nacía la 7.722. 

Es una ley simple y clara, tiene apenas siete artículos y un objetivo preciso: cuidar el agua, ese líquido precioso que sostiene todo el arco de la vida en la Tierra. Con la prohibición del uso de cianuro, mercurio, ácido sulfúrico y otras sustancias tóxicas similares, tal como indica su artículo primero, reivindica el valor del agua por encima de cualquier interés.

La gente de Mendoza más que nadie sabe del valor de este bien escaso. Generaciones de mendocinos supieron con mucho esfuerzo y sacrificio acondicionar las tierras desérticas y convertirlas en oasis. Y eso es lo que estaba en juego aquí. Para el gobierno había que diversificar la matriz productiva de la provincia para poder lograr ese tan mentado “desarrollo” a través de la minería a cielo abierto. Para la gente, la idea de desarrollo debe ser entendida como una elección colectiva: qué tenemos, qué queremos y hacia dónde vamos, y no un plan diseñado por gerentes de multinacionales y un puñado de funcionarios serviles a estas al que hay que aceptar y someterse porque esa es la única salida.

Lo cierto es que la minería metalífera, ya sea en mediana o gran escala, a lo largo y ancho de nuestro país lo único que ha producido es enormes ganancias para las empresas, monstruosos pasivos ambientales que al día de hoy envenenan y contaminan a las comunidades cercanas y pueblos fantasmas que apenas resisten el paso del tiempo como mudos testigos de ese desarrollo que nunca llegó. Basta con darse una vuelta por Andalgalá en Catamarca, o por Rodeo, Iglesia o Jáchal en San Juan, o por Abra Pampa allá en Jujuy, donde más del 80% de los chicos tienen niveles de plomo en sangre por encima de lo tolerable gracias a la minería.

Pero no solo las sustancias químicas que se utilizan en los procesos de extracción contaminan. Los millones de toneladas de rocas que se generan o simplemente se desechan exponen a elementos como el agua y el aire, sustancias y otros minerales que antes no lo estaban. Esto produce reacciones químicas, generando lo que se conoce como drenajes ácidos de minas, tanto o más contaminantes que el cianuro o los xantatos utilizados en la extracción de cobre.

Las páginas de la Historia recordarán a los miles de hombres y mujeres que salieron a luchar por el agua, por su futuro y el de las generaciones por venir. La 7.722 hoy se ha convertido en un símbolo para todo el país, en un faro que nos muestra el camino a seguir. Que nos interpela a todos y que nos enseña. Aunque muchos no lo entiendan, o no lo quieran entender, el agua vale más que el oro.